Zanzíbar suena a paraíso, y lo es, pero también es mucho más que playa: esta isla tanzana del Índico fue durante siglos cruce de mercaderes suajilis, árabes, persas e indios, y esa mezcla se respira en cada callejón de Stone Town y en cada plato especiado. Te proponemos una escapada que combine historia, sabor y arena blanca.
Stone Town, un laberinto con historia
El casco antiguo de la capital es Patrimonio de la Humanidad y un pequeño mundo en sí mismo. Piérdete entre sus callejones y busca las famosas puertas talladas de madera con remaches de latón, herencia de las casas de mercaderes. No te pierdas:
- La Casa de las Maravillas y el Fuerte Viejo, frente al paseo marítimo.
- El antiguo mercado de esclavos y su iglesia anglicana, un recordatorio sobrio del pasado más oscuro de la isla.
- El mercado de Darajani, un festival de frutas tropicales, pescado y montañas de especias.
- Los jardines de Forodhani al atardecer, cuando se llenan de puestos de comida callejera y los chavales saltan al mar desde el malecón.
La isla de las especias
Zanzíbar debe su apodo a las plantaciones de clavo, nuez moscada, canela, pimienta y vainilla que la cubrieron durante el sultanato. Hoy puedes visitarlas en un tour de especias: tocarás, olerás y probarás cada planta, y descubrirás que la fruta del clavo o la flor de la nuez moscada no se parecen en nada a lo que imaginabas. Es una de las excursiones más baratas y memorables de la isla.
Playas para cada gusto
La costa este, con Paje, Jambiani y Michamvi, ofrece arenales infinitos de arena harinosa y mareas que descubren praderas de algas donde trabajan las mujeres algueras; es la zona ideal para kitesurf y ambiente relajado. Al norte, Nungwi y Kendwa apenas notan las mareas y concentran los mejores baños al atardecer. Y frente a la costa, el arrecife del atolón de Mnemba regala snorkel con peces tropicales y, con suerte, delfines. El sol ecuatorial es traicionero incluso bajo las nubes: no embarques sin una crema solar resistente al agua.
Sabores suajilis
La cocina zanzibarí es un mestizaje delicioso: arroz pilau, curris de pescado con leche de coco, pulpo a la brasa, urojo (la sopa agria de la isla) y la sorprendente «pizza de Zanzíbar» de los puestos nocturnos. Acompáñalo todo con jugo de caña recién exprimido con lima y jengibre.
Cuándo ir y consejos prácticos
Las mejores épocas son de junio a octubre y de diciembre a febrero, evitando las lluvias largas de abril y mayo. Al caer la tarde los mosquitos entran en acción, así que un buen repelente de mosquitos tropical es tan importante como el bañador. Zanzíbar es una isla mayoritariamente musulmana: fuera de las playas, cubre hombros y rodillas; un pañuelo multiusos de viaje resuelve la papeleta y además te protege del sol en las excursiones en dhow. Cierra el viaje navegando en uno de esos veleros tradicionales al atardecer, con las velas triangulares recortadas contra un cielo naranja: es la postal que te llevarás a casa.