Encaramada a más de 400 metros de altitud, en un valle verde de la Serra de Tramuntana, Valldemossa es uno de esos pueblos de Mallorca que parecen pintados a mano. Sus casas de piedra dorada, las persianas verdes y las macetas que trepan por cada fachada le han dado fama mundial, y a solo 17 kilómetros de Palma te proponemos una escapada que mezcla música, historia y montaña.
La Cartuja y la huella de Chopin
El corazón monumental del pueblo es la Real Cartuja de Valldemossa, un antiguo monasterio que fue palacio del rey Sancho de Mallorca antes de pasar a los monjes cartujos. Hoy puedes recorrer su iglesia, la antigua farmacia y las celdas de los monjes, con sus pequeños jardines asomados al valle.
La visita tiene un capítulo célebre: el invierno que Frédéric Chopin y la escritora George Sand pasaron aquí entre 1838 y 1839. De aquella estancia, no precisamente idílica por el frío y las lluvias, salieron varios preludios del compositor y el libro Un invierno en Mallorca, que Sand escribió a su vuelta. Cada verano, además, el pueblo rinde homenaje al músico con un festival de piano que llena la Cartuja de conciertos.
Perderse por sus calles empedradas
Más allá del monasterio, el plan es sencillo: callejear sin rumbo. Sube por la calle de la Rosa hacia la iglesia de Sant Bartomeu y fíjate en los azulejos que decoran casi todas las puertas: representan a Santa Catalina Thomàs, la santa mallorquina nacida en Valldemossa en el siglo XVI, a la que aquí llaman cariñosamente «la Beata». Su casa natal, convertida en pequeña capilla, es una de las paradas más queridas por los vecinos.
Entre callejón y callejón te cruzarás con hornos tradicionales: es el momento de probar la coca de patata, un bollo esponjoso y ligeramente dulce que se toma con chocolate caliente o un helado de almendra. Es la merienda valldemossina por excelencia.
Miradores y excursiones por la Tramuntana
Valldemossa es también una puerta de entrada a la sierra, declarada Patrimonio Mundial por su paisaje de bancales y olivos. Desde el pueblo parten senderos señalizados como el Camí de s'Arxiduc, la ruta que mandó trazar el archiduque Luis Salvador de Austria por lo alto de los acantilados, con vistas de vértigo sobre el Mediterráneo. Es una excursión exigente de varias horas, así que conviene salir temprano y llevar agua de sobra; para orientarte por esta y otras rutas de la isla viene muy bien una guía de viaje de Mallorca con mapas de senderismo.
Si prefieres algo más tranquilo, acércate a los miradores del norte del pueblo al atardecer, cuando la piedra se enciende de tonos miel y el valle entero parece en calma.
El secreto de la costa: Port de Valldemossa
Pocos visitantes bajan hasta el Port de Valldemossa, un diminuto núcleo de casitas de pescadores al que se llega por una carretera estrecha y llena de curvas. La recompensa es una cala de cantos rodados y aguas transparentes, perfecta para un baño lejos de las multitudes. Eso sí, con tanto guijarro se agradece llevar unos escarpines para entrar y salir del agua sin resbalones.
Cuándo ir y cómo llegar
- En coche: desde Palma por la carretera Ma-1110, en unos 25 minutos. Aparca en los aparcamientos de pago de la entrada; el casco antiguo es peatonal en la práctica.
- En bus: hay línea regular desde Palma que continúa hacia Deià y Sóller, muy cómoda para no preocuparte del coche.
- Mejor época: primavera y otoño, con temperaturas suaves y menos gente. En verano, madruga o quédate al caer la tarde, cuando se vacían las calles; al mediodía el sol pega fuerte y un sombrero plegable se convierte en tu mejor aliado entre visita y visita.
Valldemossa se saborea despacio: un paseo, una coca de patata, un concierto si hay suerte y un atardecer sobre el valle. Ven a comprobar por qué enamoró a Chopin… aunque a ti, seguro, te tocará mejor tiempo.
Foto: Enric · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons