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Escapada a Deià, el pueblo de los artistas de Mallorca

Panorámica del pueblo de Deià en Mallorca, con sus casas de piedra ocre en una colina coronada por la iglesia y montañas al fondo

Colgado entre el mar y la mole del Teix, en plena Serra de Tramuntana, Deià es un puñado de casas de piedra ocre que escala una colina coronada por su iglesia. Este rincón de la costa oeste de Mallorca lleva un siglo atrayendo a pintores, músicos y escritores de medio mundo, y en cuanto pasees por sus callejuelas entre buganvillas entenderás por qué.

Un pueblo con alma bohemia

La figura que marcó Deià para siempre fue el poeta y novelista británico Robert Graves, autor de Yo, Claudio, que se instaló aquí en los años veinte del siglo pasado y convirtió el pueblo en refugio de artistas. Su casa, Ca n'Alluny, se conserva hoy como casa museo a las afueras del pueblo, con su estudio, su imprenta y su jardín tal y como él los dejó. Es una visita breve pero llena de encanto.

Graves está enterrado en el pequeño cementerio junto a la iglesia de Sant Joan Baptista, en lo más alto del pueblo. Sube hasta allí aunque solo sea por las vistas: los tejados de Deià a tus pies, los bancales de olivos y naranjos y, al fondo, el azul profundo del Mediterráneo. Pocos cementerios del mundo tienen un mirador así.

Cala Deià, un baño de postal

Desde el pueblo baja un camino señalizado de unos veinte o treinta minutos entre huertos y olivos hasta Cala Deià, una cala de cantos rodados y aguas increíblemente limpias, encajada entre acantilados y casetas de pescadores. Es pequeña y en verano se llena pronto, así que madruga si quieres sitio. Al ser de piedras, olvídate de la arena: una toalla de playa de microfibra, que abulta poco y se seca enseguida, es la compañera perfecta para la bajada a pie.

Senderismo por la Tramuntana

Deià es parada obligada de la Ruta de Pedra en Sec (GR-221), el sendero de piedra en seco que recorre toda la sierra. Una de las etapas más bonitas une Deià con Sóller por el antiguo camino costero, entre olivares centenarios y muros de piedra, con el mar siempre a la izquierda. Es una caminata asequible de unas tres horas, pero el terreno es pedregoso: mejor hacerla con unas sandalias de senderismo o calzado de suela firme que con chanclas de playa.

Los más andarines pueden atacar la subida al Puig des Teix, la montaña que protege el pueblo, o acercarse al mirador de Sa Foradada, junto a la finca de Son Marroig, para ver la famosa roca perforada al atardecer. El sol cayendo tras ese peñón es una de las puestas de sol más celebradas de Mallorca.

Sabores del valle

En Deià conviven pequeños cafés bohemios con restaurantes de cocina mallorquina asomados al valle. Busca en las cartas productos de la tierra: aceite de oliva de la Tramuntana, naranjas del valle de Sóller, pescado fresco o un buen tumbet, el pastel de verduras típico de la isla. Y de postre, helado artesano de naranja o limón, herencia de los cítricos de la comarca.

Consejos prácticos

  • Llega a primera hora o a última: el aparcamiento es escaso y en temporada alta el pueblo se anima mucho a mediodía.
  • El bus que une Palma, Valldemossa, Deià y Sóller te ahorra el problema del coche.
  • Aquí casi todo es cuesta, escalón y camino sin sombra: en verano no salgas a caminar sin agua ni una buena crema solar resistente al agua, sobre todo si rematas la ruta con un chapuzón en la cala.
  • Primavera y septiembre son los meses ideales: temperaturas suaves, mar apetecible y menos gente.

Deià no se visita, se saborea: un paseo lento, un baño en la cala, un atardecer en Sa Foradada. Ven con calma y déjate atrapar por el mismo hechizo que sedujo a tantos artistas.

Foto: Enric · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons