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Sajazarra: el pueblo con castillo que casi nadie conoce

El castillo medieval de Sajazarra elevándose sobre el caserío del pueblo riojano

En el extremo noroccidental de La Rioja, donde los viñedos de Rioja Alta van a morir contra los Montes Obarenes, se esconde Sajazarra, un pueblo diminuto que figura con todo merecimiento entre los pueblos más bonitos de España. Su carta de presentación es rotunda: un castillo de cuento perfectamente conservado y un casco urbano tan cuidado que parece recién barrido para tu visita.

El castillo, señor del pueblo

El castillo-palacio de Sajazarra, levantado en el siglo XV, es de esos monumentos que uno espera encontrar en un gran destino turístico y no en una aldea de apenas un puñado de vecinos. Su gran torre del homenaje, flanqueada por cubos almenados, se alza sobre las casas con una elegancia intacta tras más de cinco siglos. Es de propiedad privada, así que se admira desde fuera, pero el conjunto que forma con la muralla y el caserío justifica por sí solo el viaje. Ven con la batería cargada: una cámara de fotos compacta le hace más justicia que el móvil a la piedra dorada del atardecer, cuando el castillo se enciende contra el fondo de los montes.

Un paseo por el casco antiguo

Sajazarra se recorre en un rato, pero es un rato delicioso. Cruza el antiguo recinto amurallado por sus portales y piérdete por calles empedradas flanqueadas de casonas de sillería con escudos y flores en los balcones. La iglesia de Santa María de la Asunción, que arranca en el románico tardío y creció durante el gótico, guarda una portada y un interior que merecen visita pausada. Todo el pueblo respira un mimo poco habitual: no verás cables descolgados ni fachadas descuidadas, y ese es precisamente su encanto.

Vino y merienda entre viñas

Estás en Rioja Alta, así que el vino es religión también aquí: el propio castillo da nombre a una bodega y los alrededores del pueblo son un mosaico de viñas y cerezos. Un plan redondo es comprar pan, queso y algo de embutido riojano y buscar un rincón con vistas a los Obarenes para merendar al fresco; una bolsa isotérmica de picnic mantiene la merienda a salvo del sol del valle, que en verano aprieta de lo lindo.

Alrededores con mucha miga

  • Casalarreina, a un paso, con su monumental convento dominico de la Piedad.
  • Cellorigo, el llamado púlpito de La Rioja, colgado de un risco con vistas inmensas al valle del Ebro.
  • Haro y su barrio de bodegas centenarias, a unos diez minutos en coche.
  • Los Montes Obarenes, con sendas tranquilas entre carrascas y roquedos donde es fácil avistar buitres.

Consejos prácticos

Sajazarra no vive del turismo de masas, y esa es su gracia: no esperes grandes servicios, sino un puñado de establecimientos locales con horarios de pueblo. Ven mejor en primavera u otoño, cuando la luz es más suave y las viñas están en su mejor momento, y plantéalo como parada golosa dentro de una ruta por Rioja Alta. Llegarás en unos 20 minutos desde Haro y en menos de una hora desde Logroño, siempre por carreteras tranquilas entre viñedos.

Silencioso, señorial y sorprendente: Sajazarra es la prueba de que los rincones más memorables no salen en todas las guías. Ve antes de que se corra la voz.

Foto: Pigmentoazul · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons