Hay pueblos que se miran desde abajo y pueblos desde los que se mira el mundo. Briones, encaramado a un cerro sobre un meandro del Ebro en plena Rioja Alta, es de los segundos: un conjunto histórico de piedra dorada rodeado por un océano de viñedos que cambia de color con cada estación. Te proponemos una escapada donde la historia y el vino se sirven en la misma copa.
Un conjunto medieval asomado al Ebro
El casco antiguo de Briones, declarado conjunto histórico, conserva intacto su trazado medieval. Sube por la calle mayor entre palacios blasonados de los siglos XVI al XVIII, con sus portadas de sillería y sus balcones de forja, hasta la plaza porticada donde late la vida del pueblo. Allí se alza la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, cuya esbelta torre barroca se ve desde media Rioja Alta y sirve de faro a los viajeros. Completa el paseo la ermita del Santo Cristo de los Remedios y los restos de la muralla y del castillo, testigos de los siglos en que esta frontera del Ebro se disputaba entre los reinos de Castilla y Navarra.
El vino como forma de vida
En Briones el vino no es un reclamo turístico: es el paisaje, la economía y la conversación de sus vecinos. A las afueras del pueblo encontrarás el Museo Vivanco de la Cultura del Vino, uno de los museos del vino más completos que existen, donde entenderás desde las prensas romanas hasta el arte que la vid ha inspirado durante milenios. Si quieres llegar con los deberes hechos y distinguir un crianza de un reserva sin titubear, una guía de vinos de Rioja es la mejor lectura para el viaje. Y como en las bodegas familiares de la zona es fácil caer en la tentación de llevarse unas botellas, no está de más viajar con un sacacorchos de camarero en la maleta para el brindis improvisado de la noche.
Miradores y paseos entre viñedos
El gran tesoro de Briones es gratis: sus miradores sobre el Ebro. Desde el borde del cerro, junto a los restos del castillo, la vista abarca el río, los pueblos de la Sonsierra y la sierra de Cantabria cerrando el horizonte. Al atardecer, cuando la luz dora la piedra y los viñedos, el espectáculo es de los que se quedan grabados. Si te apetece estirar las piernas, los caminos agrícolas que parten del pueblo se adentran entre cepas viejas y son perfectos para un paseo tranquilo en cualquier época del año.
Cuándo ir
- A mediados de junio, el pueblo entero retrocede varios siglos con sus celebradas Jornadas Medievales, cuando los vecinos se visten de época y las calles se llenan de oficios antiguos.
- En septiembre y octubre, la vendimia llena de trasiego los caminos y las viñas viran al rojo: es la estampa más fotogénica del año.
- En primavera, el verde nuevo de las cepas y las temperaturas suaves invitan a caminar.
Cómo llegar y qué ver cerca
Briones está a unos diez minutos por carretera de Haro, la capital del vino de Rioja Alta con su famoso barrio de bodegas centenarias, y a poco más de media hora de Logroño. En la otra orilla del Ebro te esperan San Vicente de la Sonsierra y los pueblos de la Sonsierra, de modo que puedes hilvanar una ruta redonda por el corazón vinícola riojano sin apenas coger el coche.
Piedra noble, vino con siglos de historia y uno de los horizontes más hermosos del valle del Ebro: Briones se disfruta despacio y con copa en mano. Ven con hambre de paisaje.
Foto: Pemolo · CC BY-SA 3.0 es · Wikimedia Commons