Transilvania arrastra fama de tierra de vampiros, pero lo que de verdad te espera «más allá de los bosques» —eso significa su nombre— es una región luminosa de ciudades medievales, aldeas con iglesias fortificadas, montañas imponentes y una hospitalidad que desarma. Te proponemos una ruta circular por el corazón de Rumanía que puedes hacer cómodamente en coche en cinco o siete días.
Brașov, la puerta de los Cárpatos
Rodeada de montañas boscosas, Brașov es la base perfecta para empezar. Su plaza del Consejo (Piața Sfatului), la Iglesia Negra —el mayor templo gótico de la región, con su famosa colección de alfombras otomanas— y la calle Sforii, una de las más estrechas de Europa, se recorren en un paseo delicioso. Sube en teleférico al monte Tâmpa para ver la ciudad encajada en su valle. Muy cerca quedan dos visitas clásicas: el castillo de Bran, asociado por la literatura al mito de Drácula y encaramado a su roca como un decorado perfecto, y la ciudadela campesina de Râșnov, vigilando el paso montañoso.
Sighișoara, la ciudadela habitada
Pocos lugares medievales de Europa siguen tan vivos como Sighișoara, Patrimonio de la Humanidad. Dentro de sus murallas hay casas de colores, torres gremiales y la icónica Torre del Reloj con sus figuritas mecánicas. Aquí nació Vlad Țepeș, el príncipe real que inspiró al Drácula de ficción, y la ciudadela lo recuerda sin perder su encanto de pueblo. Sube la Escalera de los Escolares, cubierta de madera, hasta la iglesia de la colina y su viejo cementerio sajón entre árboles.
Sibiu y las iglesias fortificadas
Sibiu, antigua capital cultural europea, presume de plazas elegantes, pasajes barrocos y los famosos «ojos» de sus tejados: buhardillas entornadas que parecen observarte con curiosidad. Entre ciudad y ciudad, desvíate a los pueblos sajones de iglesias fortificadas, uno de los grandes tesoros de Transilvania:
- Biertan: la más monumental, con sus tres anillos de murallas sobre la colina.
- Viscri: una aldea encalada en azul donde el tiempo va a otra velocidad.
- Prejmer: con celdas numeradas donde se refugiaba todo el pueblo en los asedios.
Los Cárpatos en estado puro
Si la ruta te pilla en los meses cálidos, reserva un día para la montaña: los macizos de Bucegi y Piatra Craiului ofrecen sendas entre bosques donde aún viven osos pardos —respeta siempre las indicaciones locales—, y la carretera Transfăgărășan, abierta solo en la temporada sin nieve, serpentea hasta lagos glaciares entre paisajes de vértigo. En la montaña el tiempo cambia en minutos: incluso en verano, mete un forro polar en la mochila, porque en los puertos de alta montaña refresca de golpe.
Consejos para la ruta
La mejor época va de finales de primavera a comienzos de otoño. Las distancias no son grandes, pero las carreteras rurales invitan a ir despacio, entre carros de heno y pueblos donde apetece parar cada pocos kilómetros. Con tantas horas de coche y de fotos, una batería externa para el móvil es de esas cosas que agradeces cada día, igual que una cámara de fotos con buen zoom para los detalles de las torres y los paisajes. En la mesa, déjate tentar por la sarmale (rollitos de col rellenos), la ciorbă (sopa agria reconfortante) y los papanași, unos buñuelos con nata y mermelada que justifican el viaje por sí solos.
Transilvania es mucho más que una leyenda gótica: es una Europa rural y auténtica que parecía perdida. Ponle fechas, arranca el coche y descubre que lo mejor de esta tierra no son sus vampiros, sino sus atardeceres sobre las torres sajonas.