Colgada sobre un espolón rocoso entre los ríos Duratón y Caslilla, Sepúlveda es historia pura del nordeste segoviano: villa de fuero famoso en la Edad Media, conocida como la villa de las siete llaves por las siete puertas de su muralla, y hoy puerta de entrada a uno de los paisajes más impresionantes de Castilla, las Hoces del Río Duratón.
Un paseo por la villa de las siete llaves
El casco histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico, se recorre a golpe de cuesta. Empieza en la Plaza de España, presidida por el antiguo castillo y las casas porticadas de tonos rojizos, y sube hasta la iglesia de El Salvador, consagrada en el siglo XI y considerada el románico más antiguo de la provincia, con su atrio porticado y esa torre que domina los tejados. Completa la ruta con la iglesia de la Virgen de la Peña, en cuyo mirador la villa se asoma al abismo del Duratón, la judería vieja y las puertas del Ecce Homo o del Azogue. Cada rincón regala una panorámica distinta de barrancos y páramos.
Las Hoces del Duratón, el reino del buitre leonado
A las afueras arranca el Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, donde el río se encaja en un cañón de paredes de más de cien metros habitado por una de las mayores colonias de buitre leonado de Europa, además de alimoches y águilas. Las opciones para explorarlo:
- La senda de la ermita de San Frutos, el rincón más icónico: una ermita del siglo XII plantada sobre un meandro vertiginoso, con la leyenda de la cuchillada del santo incluida.
- La senda de los Dos Ríos, que sale de la propia Sepúlveda y recorre el fondo del cañón, fácil y preciosa.
- El descenso en piragua por el tramo embalsado, una gozada en los meses cálidos.
Para las sendas pedregosas del cañón conviene calzarse unas botas de montaña que agarren bien, y en las subidas al páramo se agradecen unos bastones de trekking, sobre todo con calor. El accesorio estrella, eso sí, son unos buenos prismáticos: ver a decenas de buitres despegar de los cortados al calentarse la mañana es un espectáculo que no se olvida.
El templo del asado
Sepúlveda es, junto a su vecina Pedraza, capital indiscutible del cordero lechal asado en horno de leña. Sus figones y mesones centenarios llevan generaciones bordándolo, siempre acompañado de ensalada, buen pan y vino de la Ribera del Duero, que queda a un paso. Los fines de semana la villa se llena de peregrinos del asado, así que reserva sí o sí.
Cómo llegar y cuándo ir
Sepúlveda está a unos 60 kilómetros de Segovia y a poco más de hora y media de Madrid por la A-1. La primavera y el comienzo del verano son ideales para el cañón, con el cortado en plena actividad de cría; el otoño tiñe de ocres las choperas del Duratón y el invierno, con escarcha, tiene una belleza austera muy castellana. Ten en cuenta que el acceso en coche a San Frutos se regula en temporada alta y que en época de nidificación algunos tramos se cierran: consulta el centro de interpretación de la villa antes de salir.
Piedra dorada, vuelo de buitres y olor a horno de leña: Sepúlveda condensa lo mejor de Castilla en un solo fin de semana. Solo te falta venir a comprobarlo.
Foto: David Perez · CC BY 3.0 · Wikimedia Commons