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Rupit, la joya de piedra colgada sobre un puente que se mece

Casas de piedra de Rupit junto a la riera con el puente colgante en primer plano

En lo alto del Collsacabra, entre riscos y prados a caballo de las comarcas de Osona y la Garrotxa, Rupit parece detenido en el siglo XVII. Este pueblecito de la provincia de Barcelona, unido a su vecino Pruit en un solo municipio, se ha ganado a pulso un puesto entre los pueblos más bonitos de Cataluña: casas de piedra oscura, balcones de madera cargados de flores y una entrada de lo más original: un puente colgante que se balancea sobre el río.

Cruzar el puente y perderse

La visita empieza con emoción: para entrar al casco antiguo se cruza el puente colgante peatonal tendido sobre la riera de Rupit, construido en el siglo XX para unir las dos orillas del pueblo. Se mueve ligeramente al caminar y es ya todo un rito. Al otro lado te espera el carrer del Fossar, una calle literalmente tallada en la roca viva, con escalones gastados por siglos de pasos, y un rosario de casas de los siglos XVI y XVII con dinteles fechados sobre las puertas.

Sube hasta la iglesia de Sant Miquel, pasea la plaza mayor y busca los rincones junto al río, donde el agua corre entre pozas y losas de piedra. En menos de una hora habrás recorrido el pueblo entero, pero querrás repetir el bucle un par de veces.

El salto de Sallent, un gigante de agua

La excursión estrella sale del mismo pueblo: un sendero señalizado de aproximadamente una hora entre ida y vuelta lleva al mirador del salto de Sallent, una cascada de en torno a cien metros que se despeña por los acantilados del Collsacabra hacia las Guilleries. Tras las lluvias de primavera y otoño es un espectáculo mayúsculo; en pleno verano puede llevar poca agua. El camino es fácil pero con tramos pedregosos y algún repecho, así que mejor con calzado de senderismo y no con zapatillas de calle, sobre todo si el terreno está húmedo.

Rutas por el Collsacabra

Si te sabe a poco, el altiplano del Collsacabra es un paraíso de caminos:

  • La ruta a la ermita de Santa Magdalena, atalaya sobre los cingles.
  • El vecino pueblo de Tavertet, asomado a un abismo de paredes rojizas sobre el pantano de Sau.
  • El embalse de Sau, con el campanario de Sant Romà emergiendo del agua cuando baja el nivel.

Para estas jornadas conviene salir con una mochila de día con agua, bocadillo y cortavientos: en el Collsacabra la niebla y el fresco aparecen sin avisar incluso en verano. Y si el plan incluye remojar los pies en las pozas de la riera, una toalla de microfibra ocupa nada en la mochila y te salva el regreso.

Sabores de montaña y consejos

En las tiendas y fondas del pueblo mandan los productos de montaña: embutidos artesanos, quesos, setas en temporada, cocas y las contundentes patatas de Rupit rellenas que verás anunciadas en más de una pizarra. Ten en cuenta que el pueblo es peatonal: se aparca en la explanada de la entrada. Los fines de semana de buen tiempo se llena de excursionistas barceloneses, así que madrugar marca la diferencia.

A hora y media escasa de Barcelona, Rupit condensa piedra, agua y silencio como pocos lugares. Cruza su puente colgante un día entre semana, con la niebla levantándose del valle, y tendrás uno de esos recuerdos que no caducan.

Foto: Menargues · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons