Pocos pueblos ofrecen tanto contraste en tan pocos kilómetros como Pals, en el Baix Empordà (Girona): un casco gótico encaramado a una colina, un mar de arrozales a sus pies y, al fondo, una playa de casi cuatro kilómetros abierta al Mediterráneo. Es la escapada perfecta para combinar piedra medieval, naturaleza y baño en un mismo fin de semana.
El Pedró, un casco antiguo de libro
La parte vieja de Pals, conocida como el Pedró, fue restaurada con mimo a mediados del siglo XX y hoy es un laberinto impecable de calles empedradas, arcos apuntados, balcones con flores y muros dorados. Los imprescindibles:
- La Torre de les Hores, el airoso campanario circular románico, último resto del castillo, convertido en símbolo del pueblo.
- La iglesia de Sant Pere, que mezcla románico, gótico y barroco en un mismo edificio.
- El mirador Josep Pla, dedicado al escritor ampurdanés: desde su balcón se abarcan los arrozales, el macizo del Montgrí y las islas Medes. Al atardecer es pura magia.
- Las murallas, los portales y rincones como el carrer Major o la plaza mayor porticada.
Los arrozales y el arroz de Pals
A los pies del pueblo se extienden los arrozales que se cultivan desde la Edad Media. En verano forman un mar verde intenso y hacia octubre se tiñen de dorado con la siega. Hay rutas llanas, a pie o en bicicleta, que los recorren entre acequias y masías, ideales para hacer con niños. El resultado en la mesa es el famoso arroz de Pals, de grano redondo, protagonista de los arroces melosos y a la cazuela que sirven los restaurantes de la zona: pedirlo aquí es obligatorio.
La playa de Pals y las dunas
A unos seis kilómetros del casco antiguo, la playa de Pals despliega un arenal amplio con dunas y pinares, mucho más tranquilo que otras playas de la Costa Brava. El agua entra con algo de pendiente y hay zonas con roca, así que unos escarpines vienen de perlas si viajas con niños, y una toalla de microfibra de secado rápido te permite pasar de la playa al paseo por el pueblo sin cargar peso. Desde el extremo norte, junto a la desembocadura del Ter, hay vistas estupendas a las islas Medes.
Cómo llegar y cuándo ir
- En coche: Pals está a unos 40 minutos de Girona por la C-66 y a una hora y media larga de Barcelona. Aparca en los estacionamientos de la entrada; el Pedró es peatonal.
- Mejor época: junio y septiembre reúnen buen tiempo, mar templado y menos gente. La primavera es ideal para las rutas entre arrozales, y el otoño, para verlos dorados.
- La luz del Empordà es intensa casi todo el año: no olvides unas gafas de sol polarizadas para los paseos por la playa y los campos.
Y muy cerca…
Completa la escapada con Peratallada y Ullastret, a diez minutos, o con las calas de Begur —Sa Riera, Aiguablava— para un chapuzón de aguas turquesas. Con niños, el pueblo medieval por la mañana, arroz al mediodía y playa por la tarde es un plan redondo que no falla.
Pals lo tiene todo a mano: historia, campo, mar y buena mesa. Solo falta que le pongas fecha.
Foto: Travelinho · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons