Pocas estampas fluviales hay en España como la de Miravet: un caserío escalonado sobre un meandro del Ebro y, coronándolo todo, la mole ocre de un castillo templario asomado al vacío. Estamos en la Ribera d'Ebre, en el interior de la provincia de Tarragona, en un pueblo donde la historia —íberos, musulmanes, templarios, la Guerra Civil— se lee en cada piedra.
El castillo de los templarios
El castillo de Miravet es la visita imprescindible. De origen andalusí, fue entregado en el siglo XII a la Orden del Temple, que lo convirtió en una de sus fortalezas más importantes de la Corona de Aragón y en escenario de su resistencia final cuando la orden fue disuelta. Se visita el recinto amurallado, el patio de armas, las bodegas y la sobria iglesia románica de la orden, y desde sus murallas la vista del Ebro serpenteando entre sierras es sencillamente inolvidable. Sube con calma por el camino que arranca del casco antiguo y lleva una cámara de fotos: el conjunto de río, castillo y tejados es de los que lucen en cualquier álbum.
El Cap de la Vila y los alfareros
El casco antiguo, el Cap de la Vila, trepa por la ladera con callejones empinados, pasadizos y casas colgadas materialmente sobre el agua. En lo alto queda la iglesia vieja, levantada sobre la antigua mezquita y muy castigada durante la batalla del Ebro, con un mirador espléndido junto a ella. Abajo, en el barrio de los canterers, Miravet mantiene viva una tradición alfarera centenaria: todavía trabajan talleres donde ver tornear a mano cántaros, tinajas y la cerámica de reflejos verdes y miel típica del pueblo. Llevarte una pieza es el mejor recuerdo posible.
El paso de barca, cruzar el Ebro como hace siglos
Miravet conserva uno de los últimos pasos de barca del Ebro: una plataforma de madera sin motor, guiada por un cable, que cruza personas y coches aprovechando solo la corriente del río. Funciona desde tiempos inmemoriales y cruzar en ella, con el castillo encima, es una experiencia deliciosa que dura apenas unos minutos. Suele operar todo el año salvo cuando el río baja crecido.
El río como plan
La lámina de agua mansa del meandro convierte a Miravet en base estupenda para piragüismo y paseos en kayak, con empresas de la zona que organizan descensos tranquilos aptos para cualquiera. Al atardecer, la solana rebota en el agua y en las fachadas: unas gafas de sol polarizadas se agradecen tanto remando como paseando por la orilla. Los senderistas tienen además marcadas varias rutas por las sierras de Cardó y los miradores del meandro.
Cuándo ir, qué comer y cómo llegar
- Mejor época: primavera y otoño; el verano es caluroso en la Ribera d'Ebre, así que madruga. A finales de primavera la comarca celebra sus famosas cerezas, el producto estrella local.
- En la mesa: cocina de río y de secano, aceite de oliva de la Terra Alta vecina, clotxa (pan relleno) y buenos vinos de las denominaciones cercanas.
- Cómo llegar: en coche, por la C-12 (Eje del Ebro), a unos 45 minutos de Tortosa y hora y media de Tarragona.
Miravet es de esos pueblos que se recorren en una tarde y se recuerdan años. Cruza el Ebro en barca, sube al castillo y deja que el gran río marque el ritmo de tu escapada.
Foto: Maximodelaiglesia · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons