Hay pueblos que se asientan en un valle y pueblos que trepan por la ladera. Y luego está Rocamadour, que directamente cuelga de un acantilado de unos 120 metros sobre el cañón del río Alzou, en el suroeste de Francia. Casas, capillas y castillo se apilan en vertical como si desafiaran la gravedad, y llevan ocho siglos ganando el pulso.
Un pueblo construido en vertical
Rocamadour, en el departamento del Lot, fue uno de los grandes centros de peregrinación de la Europa medieval. Reyes, santos y caminantes del Camino de Santiago subían a venerar a la Virgen Negra y la tumba de San Amadour, el ermitaño que da nombre al lugar. El pueblo se organiza en tres niveles: abajo, la calle principal con sus casas medievales; en medio, la ciudad religiosa con sus siete santuarios; arriba, el castillo y la meseta. Los une la Gran Escalera, doscientos y pico peldaños que los peregrinos más devotos subían de rodillas.
Qué ver en Rocamadour
- La capilla de Notre-Dame, corazón del santuario, con la venerada Virgen Negra tallada en madera y los exvotos de marineros agradecidos que cuelgan de sus muros.
- La basílica de Saint-Sauveur, encajada literalmente contra la pared de roca, declarada Patrimonio de la Humanidad como parte de los Caminos de Santiago en Francia.
- La espada Durandal: la leyenda cuenta que la espada del caballero Roldán quedó clavada en la roca sobre la capilla. Búscala mirando hacia arriba.
- La calle de la Couronnerie, la arteria baja del pueblo, con sus puertas fortificadas medievales.
- Los miradores de L'Hospitalet, en la carretera de llegada: la vista del pueblo colgado en la pared, sobre todo al atardecer o iluminado de noche, es de las que no se olvidan.
El queso que lleva su nombre
Rocamadour no solo alimenta el espíritu. Aquí se elabora uno de los quesos de cabra más apreciados de Francia, el rocamadour, un disco pequeño, cremoso y de corteza fina que se sirve templado sobre ensaladas o simplemente con pan de pueblo. Acompáñalo con nueces del Périgord y un vino tinto de Cahors, la denominación vecina, y entenderás por qué esta esquina de Francia presume de mesa. En las tiendas del pueblo encontrarás también foie gras y confits de la región de Occitania.
Cómo llegar y cuándo ir
La forma más cómoda de llegar es en coche: Rocamadour queda a algo más de dos horas de Toulouse y a unas dos de Burdeos, en pleno Parque Natural Regional de las Causses del Quercy. La primavera y el comienzo del otoño ofrecen luz suave y menos gente; en julio y agosto el pueblo se llena y conviene madrugar. Si organizas por tu cuenta la ruta por el valle del Lot y la Dordoña, una buena guía de viaje de Francia te ayudará a hilar castillos, pueblos y cuevas sin perderte lo esencial.
Consejos para la visita
Prepárate para subir y bajar: entre la calle baja, los santuarios y el castillo hay un buen desnivel, con escaleras y rampas empedradas. Unas botas de senderismo ligeras o unas zapatillas de suela firme marcan la diferencia, sobre todo si añades el sendero que baja al fondo del cañón del Alzou, un paseo precioso entre paredes calizas y antiguos molinos. En verano el sol pega fuerte en la roca clara, así que no está de más un sombrero plegable que puedas guardar en el bolso al entrar en las capillas. Y guarda fuerzas para la excursión estrella de los alrededores: la sima de Padirac, una caverna colosal que se recorre en parte en barca por un río subterráneo.
Vertical, mística y golosa: Rocamadour es de esos lugares que parecen inventados. Hasta que subes la Gran Escalera y compruebas que existen.