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El Castell de Guadalest: un pueblo colgado sobre aguas turquesas

Vista panorámica del Castell de Guadalest con el campanario blanco sobre la peña y el embalse turquesa al fondo

A menos de media hora de la costa de Benidorm, el valle de Guadalest guarda uno de los pueblos más asombrosos de España. El Castell de Guadalest, en la comarca de la Marina Baixa (Alicante), se encarama a un peñón al que solo se accede atravesando un túnel excavado en la roca, y desde sus miradores el embalse brilla abajo con un turquesa que parece retocado. No lo está: es así.

Un pueblo dentro de una fortaleza

El casco histórico, diminuto y peatonal, se recorre en un suspiro, pero está lleno de detalles. Tras cruzar el portal en la roca aparecen la plaza con su mirador, la iglesia de la Asunción y la Casa Orduña, la antigua residencia señorial que hoy funciona como museo y da acceso al castillo de San José, en lo más alto del peñón. La imagen más famosa del pueblo, sin embargo, es su campanario blanco plantado sobre una peña, desafiando al vacío: lo verás en mil fotos y aun así te sorprenderá en directo.

Miradores y embalse

Guadalest es, sobre todo, un balcón. Desde el castillo y los miradores del pueblo, la vista abarca todo el valle: bancales de nísperos, sierras de Aitana y Serrella y el embalse de Guadalest, de un color irreal. Aquí la luz del Mediterráneo interior es intensa casi todo el año, así que unas buenas gafas de sol polarizadas se agradecen tanto para las fotos como para los ojos.

Si te apetece estirar las piernas, la ruta circular del embalse (unos 10 kilómetros, sin grandes dificultades) rodea la lámina de agua por pistas y sendas con vistas continuas al pueblo colgado. En los meses cálidos aprieta el sol y hay pocas sombras: una mochila de hidratación es la mejor compañera para hacerla sin agobios.

Museos con curiosidad

Para lo pequeño que es, el pueblo concentra una colección de museos de lo más peculiar: microminiaturas que se miran con lupa, saleros y pimenteros de medio mundo, instrumentos de tortura medievales o vehículos históricos. Son visitas breves y curiosas que redondean la mañana, especialmente si viajas con niños o si el día amanece nublado.

Qué comer en el valle

La cocina de la Marina Baixa interior tira de puchero y de huerta: embutidos de la sierra, olleta de blat, arroces melosos y, de postre, los famosos nísperos de Callosa d'en Sarrià, que se cultivan en los bancales del propio valle, o un helado artesano de los obradores de la comarca.

Alrededores que suman

  • Las Fuentes del Algar, a unos diez minutos en coche, con pozas y cascadas de agua cristalina, perfectas para darse un chapuzón en verano.
  • Los pueblos del valle —Benimantell, Beniardà, Confrides— para alargar la ruta sin prisas.
  • La Sierra de Aitana, techo de la provincia de Alicante, para los más senderistas.

Consejos prácticos

  • Llega a primera hora: es uno de los pueblos más visitados de la Comunidad Valenciana y a mediodía se llena.
  • El aparcamiento está a la entrada del pueblo; el casco antiguo se recorre solo a pie.
  • Primavera y otoño ofrecen la mejor luz y temperaturas para combinar pueblo y ruta.

Guadalest demuestra que no hace falta ir muy lejos de la playa para cambiar por completo de paisaje. Una escapada corta, fotogénica y con vistas que se quedan grabadas mucho tiempo.

Foto: Diego Delso · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons