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Riga: art nouveau y casco viejo a orillas del Báltico

Tejados y agujas del casco viejo de Riga junto al río Daugava

Riga es de esas capitales europeas que sorprenden al que llega sin expectativas. La ciudad más grande de los países bálticos presume de un casco viejo Patrimonio de la Humanidad, de la mayor concentración de edificios art nouveau del continente y de un ambiente que mezcla herencia hanseática, años soviéticos y una energía joven contagiosa. En un fin de semana te da tiempo a enamorarte de ella.

El casco viejo: agujas, gremios y callejones

Empieza por la plaza del Ayuntamiento, presidida por la Casa de los Cabezas Negras, una fachada tan recargada y fotogénica que cuesta creer que fuera la sede de un gremio de comerciantes solteros. Desde allí, piérdete hacia la catedral de Riga, con uno de los órganos más célebres de Europa, y busca los Tres Hermanos, el conjunto de casas medievales más antiguo de la ciudad. Sube a la torre de la iglesia de San Pedro para ver los tejados rojizos y el río Daugava a tus pies.

El empedrado báltico no perdona: unas zapatillas cómodas para caminar son la mejor inversión del viaje, porque aquí todo se ve a pie.

La milla del art nouveau

A quince minutos andando del casco viejo, la calle Alberta iela y sus alrededores concentran fachadas que parecen esculturas: rostros gigantes, esfinges, dragones y flores talladas en piedra. Muchos de estos edificios se levantaron a principios del siglo XX, cuando Riga vivía su época dorada, y pasear entre ellos con la cabeza levantada es uno de los grandes placeres de la ciudad. Si te gusta entender lo que ves, una guía de viaje de los países bálticos te ayudará a ponerle nombre a cada detalle.

El Mercado Central: zepelines llenos de sabores

Pocos mercados del mundo tienen una sede como esta: cinco enormes hangares construidos para zepelines alemanes reconvertidos en pabellones de carne, pescado, lácteos y verduras. Es el sitio perfecto para probar lo local:

  • Pan negro de centeno, denso y ligeramente dulce, presente en todas las mesas letonas.
  • Arenques y pescados ahumados del Báltico.
  • Quesos con alcaravea, tradicionales de las fiestas de verano.
  • Y el bálsamo negro de Riga, un licor de hierbas amargo que los locales toman hasta con el café.

Cuándo ir y consejos prácticos

De mayo a septiembre los días son larguísimos y las terrazas toman las plazas; en diciembre, el mercadillo navideño y la nieve le dan un aire de cuento nórdico. Eso sí, el tiempo báltico cambia de opinión varias veces al día, así que guarda un paraguas plegable en la mochila incluso en verano. Riga es además una ciudad asequible para los estándares europeos, con vuelos directos desde España en temporada.

Si buscas una escapada distinta, con arte, historia y mucha personalidad, Riga te está esperando a orillas del Báltico. Solo necesitas un billete y ganas de mirar hacia arriba.