En el extremo noroeste de la Región de Murcia, donde el paisaje se olvida de la huerta y se llena de pinares, barrancos y ríos de agua fría, te espera Moratalla. Es el municipio más serrano y uno de los más extensos de la comunidad, y su casco antiguo, un apretado laberinto medieval que trepa por la ladera hasta el castillo, parece más propio de la sierra de Segura que del tópico murciano de playa. Si buscas una escapada de naturaleza, historia y pueblo auténtico, aquí la tienes.
Un casco medieval que se sube, no se pasea
Lo primero que entenderás al llegar es que Moratalla es vertical. Sus calles estrechas y empinadas, con tramos de escaleras y rincones encalados, se enroscan alrededor del cerro hasta desembocar en el castillo-fortaleza, con su rotunda torre del homenaje dominando el valle. La villa fue plaza fronteriza de la Orden de Santiago frente al reino nazarí de Granada, y esa vocación defensiva se nota en cada cuesta.
- La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, con su torre asomando entre los tejados, es el otro gran hito del perfil del pueblo.
- Piérdete sin plano por las callejas altas: los miradores naturales hacia la sierra aparecen solos.
- Baja luego a la zona de la plaza y las calles comerciales, donde late la vida diaria del pueblo.
Arte rupestre Patrimonio Mundial
El término de Moratalla guarda uno de los mejores conjuntos de arte rupestre del Arco Mediterráneo, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Abrigos como los de la zona de Calar de la Santa o el entorno de Benizar conservan pinturas levantinas y esquemáticas con miles de años de antigüedad: cazadores, ciervos y figuras esquemáticas trazadas en ocre sobre la roca. Muchas visitas se organizan guiadas para proteger los abrigos, así que infórmate en el pueblo antes de subir por tu cuenta.
Naturaleza serrana: ríos, pinares y senderos
La otra mitad de la escapada es puro monte. El río Alhárabe forma pozas y zonas de baño en el entorno de La Puerta, un clásico veraniego de los moratalleros, y desde el santuario de la Casa de Cristo, rodeado de huertos y nogales, salen caminos tranquilos entre pinares. Para las rutas por la sierra te vendrá bien un calzado de trail con buena suela, porque abundan las sendas pedregosas, y no está de más llevar una cantimplora de acero inoxidable: en verano el sol del Noroeste aprieta y las fuentes no siempre pillan de paso.
Tambores y cocina de montaña
Moratalla es tierra tamborista: en Semana Santa el pueblo entero retumba con las tamboradas, una tradición reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial que aquí se vive con una intensidad difícil de explicar hasta que la sientes en el pecho. En la mesa mandan los platos serranos: migas con tropezones, arroz con conejo y caracoles, cordero segureño y buenos embutidos, además de dulces caseros de almendra. Cualquier bar del casco te servirá de campamento base para probarlos.
Cuándo ir y consejos prácticos
- Primavera y otoño son ideales para el senderismo y el arte rupestre; el verano invita a las pozas del Alhárabe y a las noches frescas de la sierra.
- Se llega bien por carretera desde Caravaca de la Cruz y Cehegín; ten en cuenta que las pedanías serranas exigen tramos de curvas.
- Aparca en la parte baja del pueblo y sube andando: el casco antiguo no está pensado para coches.
- Para las horas centrales del día en los abrigos rupestres, casi siempre a cielo abierto, lleva crema solar de factor alto.
Moratalla es la Murcia que pocos esperan: medieval, montañosa y con miles de años de arte pintados en sus rocas. Ven con ganas de cuestas y te ganará para siempre.
Foto: Werner Wilmes · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons