En Ribadesella el río Sella termina su viaje desde los Picos de Europa y se abraza con el Cantábrico, y en esa desembocadura ha crecido una de las villas con más vida del oriente asturiano. Aquí caben cuevas con arte rupestre de primera división mundial, huellas de dinosaurio a pie de acantilado y una playa flanqueada por mansiones de indianos. Difícil pedir más para una escapada.
El casco antiguo y el puerto
La villa vieja se apiña en la orilla oriental del estuario, alrededor del puerto y de la iglesia de Santa María Magdalena. Callejea por sus soportales y plazuelas, curiosea las tiendas de toda la vida y termina en el paseo de la Grúa, junto al puerto, donde unos murales de cerámica repasan la historia riosellana con mucho arte. Al final del paseo, sube a la ermita de la Virgen de Guía, en lo alto del monte Corberu: la panorámica de la desembocadura del Sella, la villa y la sierra del Cuera es la mejor foto de Ribadesella.
Tito Bustillo, una catedral del arte rupestre
Bajo el macizo de Ardines se esconde la cueva de Tito Bustillo, uno de los grandes santuarios del arte paleolítico europeo, declarada Patrimonio de la Humanidad junto al resto de arte rupestre de la cornisa cantábrica. Sus pinturas de caballos y renos tienen decenas de miles de años y se visitan en grupos reducidos, así que conviene reservar con mucha antelación; si no consigues plaza, el centro de arte rupestre anexo explica de maravilla el yacimiento y abre todo el año.
Playa de Santa Marina y huellas de dinosaurio
Al otro lado de la ría, cruzando el puente, se extiende la playa de Santa Marina, una media luna de arena presidida por un rosario de villas de indianos de aire señorial. El paseo que la recorre es puro placer al atardecer. En el extremo de la playa, la costa guarda otra sorpresa: icnitas, huellas de dinosaurio impresas en las rocas hace unos 150 millones de años, que se visitan siguiendo la ruta señalizada de la costa jurásica asturiana. Para no perderte ni un yacimiento ni un mirador, viene de perlas una guía de viaje de Asturias donde llevar marcadas las paradas de la escapada.
La ría y los caminos del entorno
La ría del Sella es un hervidero de vida: garzas, cormoranes y limícolas campan por sus arenales, y desde los miradores del monte Corberu o desde la senda costera hacia la playa de Vega se otean acantilados imponentes. Unos prismáticos de observación convierten cualquier paseo por la ría en una pequeña safari de aves. Y si lo tuyo es el remo, en la villa encontrarás empresas que organizan descensos en canoa por el tramo final del Sella: la fiesta de las Piraguas, a primeros de agosto, es la celebración multitudinaria de esa tradición.
Comer y otros consejos
- En las sidrerías del casco viejo triunfan el pescado de la rula, los oricios en temporada y las fabas con almejas; de postre, arroz con leche.
- Ribadesella está junto a la A-8, a menos de una hora y media de Oviedo y de Santander, y tiene estación en la línea de tren de la costa.
- Fuera del verano la villa se relaja y se disfruta el doble; eso sí, reserva Tito Bustillo en cuanto tengas fechas.
Río, mar, dinosaurios y arte de hace 30.000 años: Ribadesella es una lección de historia con vistas al Cantábrico. Ven un fin de semana y déjate llevar por la corriente.
Foto: D.Rovchak · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons