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Escapada a Bulnes, el pueblo sin coches de los Picos de Europa

La aldea de piedra de Bulnes rodeada por las montañas calizas de los Picos de Europa

Imagina un pueblo al que no llega ninguna carretera. Una aldea de piedra encajada en una garganta de los Picos de Europa a la que solo se puede subir caminando o en un funicular excavado en la roca. Existe, se llama Bulnes, pertenece al concejo de Cabrales y es una de las escapadas más especiales que puedes hacer en Asturias.

Cómo llegar: a pie o por el corazón de la montaña

Hasta 2001, los vecinos de Bulnes subían todo a lomos de burro por la senda de la canal del Texu. Hoy hay dos maneras de llegar desde Poncebos:

  • El funicular de Bulnes: un tren subterráneo que salva unos 400 metros de desnivel por el interior de la montaña en unos siete minutos. Cómodo, espectacular y perfecto para quien no quiera o no pueda caminar.
  • La canal del Texu: la senda tradicional, algo más de una hora de subida junto al río Texu, entre paredones calizos, puentes de piedra y cabras monteses. Es el camino con mayúsculas, exigente pero inolvidable.

Nuestra recomendación para redondear la jornada: subir andando y bajar en funicular, o al revés si prefieres guardar fuerzas. Para la canal, unas botas de montaña con buena suela son imprescindibles, porque el sendero es pedregoso y resbala con la humedad, y unos bastones de trekking plegables alivian mucho las rodillas en el descenso.

Qué ver en Bulnes

Bulnes se divide en dos barrios: La Villa, abajo junto al río, donde se concentran las casas, la pequeña iglesia y los bares con terraza, y El Castillo, un puñado de cabañas encaramadas en un espolón al que se sube por una senda corta y empinada. El pueblo se recorre en un paseo, pero su encanto no está en la prisa: está en sentarse a escuchar el río, ver pastar el ganado y contemplar las cumbres que lo encierran.

El premio gordo espera en el mirador del Picu Urriellu, a unos veinte minutos de subida desde el pueblo: desde allí se contempla la cara norte del Naranjo de Bulnes, la montaña más mítica de España, que al atardecer se enciende de color naranja. Es una de esas vistas que justifican un viaje entero.

El reino del queso Cabrales

Estás en plena tierra del queso Cabrales, el azul potente que madura en cuevas de estas montañas. En Bulnes se elaboró durante generaciones, y en los bares del pueblo podrás probarlo con pan de escanda o fundido sobre un cachopo, además de platos de puchero y guisos de montaña que saben a gloria después de la caminata. Un termo de comida con algo caliente tampoco sobra si planeas alargar la ruta más allá del pueblo, porque en la montaña las opciones se acaban pronto.

Consejos prácticos

  • Madruga: el aparcamiento de Poncebos es pequeño y en temporada alta se llena a primera hora; hay servicio de autobús desde Arenas de Cabrales en verano.
  • Consulta la previsión meteorológica de montaña antes de subir y lleva siempre una capa de abrigo, incluso en agosto.
  • Combina Bulnes con la ruta del Cares, que también arranca en Poncebos, si dispones de dos días: son los grandes clásicos del macizo central.
  • Los senderistas curtidos pueden continuar desde Bulnes hacia la majada de Camburero y la vega de Urriellu, ya en terreno de alta montaña: solo con experiencia y buen equipo.

Bulnes demuestra que los mejores destinos no siempre tienen carretera. Súbete al funicular o gánate el pueblo paso a paso: en ambos casos, esta aldea de los Picos te va a robar el corazón.

Foto: Falk2 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons