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Rascafría y El Paular: naturaleza y silencio en el valle del Lozoya

Vista panorámica de Rascafría y el valle del Lozoya con el monasterio de El Paular y la sierra de Guadarrama al fondo

En lo más alto del valle del Lozoya, rodeado por las cumbres del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, Rascafría es el pueblo al que los madrileños vienen a respirar. Aquí el plan es sencillo y redondo: un monasterio con más de seis siglos de historia, ríos de agua helada, praderas para tumbarse y senderos para todos los niveles. Una escapada verde en cualquier época del año.

El monasterio de El Paular

A dos kilómetros del pueblo se levanta el monasterio de Santa María de El Paular, fundado a finales del siglo XIV como la primera cartuja de Castilla y habitado hoy por una pequeña comunidad benedictina. Merece la pena entrar: el claustro acoge una serie de grandes lienzos de Vicente Carducho sobre la historia de los cartujos, recuperada y devuelta a su lugar original, y el conjunto respira una calma contagiosa. Justo enfrente, el puente del Perdón, de piedra y del siglo XVIII, cruza el Lozoya y es el punto de partida de varias rutas.

Rutas y rincones para toda la familia

  • Las Presillas: praderas junto al río con piscinas naturales que en verano se llenan de familias. El agua baja fría incluso en agosto, aviso para valientes.
  • El bosque finlandés: una curiosa plantación de abetos y abedules junto a una laguna con embarcadero de madera que parece sacada de Escandinavia. El paseo es corto, llano y perfecto con niños.
  • Cascadas del Purgatorio: la ruta estrella, unas dos horas y media entre ida y vuelta desde el puente del Perdón por pista y senda, hasta unos saltos de agua encajonados preciosos, especialmente con el deshielo.
  • Puerto de Cotos y Peñalara: a un cuarto de hora en coche, la puerta de entrada al techo de la sierra y su circo glaciar de lagunas.

Consejos para disfrutar del valle

La clave aquí es ir preparado para pasar el día fuera. Una mochila de día con algo de abrigo, fruta y bocadillos resuelve la jornada, porque una vez en el monte no hay dónde comprar; añade una cantimplora de acero inoxidable, ya que el agua fresca es sagrada en las subidas de verano. Y si tu plan es más contemplativo, pocas cosas superan una siesta en Las Presillas sobre una esterilla de picnic impermeable, con el rumor del Lozoya de fondo. En invierno el valle se cubre de nieve con facilidad: consulta el estado de las carreteras antes de subir.

Dónde comer y cuándo ir

En Rascafría y su vecina Oteruelo mandan los platos de montaña: carnes a la brasa, guisos serranos y postres caseros, en mesones donde en fin de semana conviene reservar. Cada estación tiene su premio: el deshielo llena de fuerza las cascadas en primavera, el verano invita al baño, el otoño pinta de oro los robledales y fresnedas, y el invierno convierte el valle en una postal blanca.

Cómo llegar

En coche tienes dos caminos con encanto: por la A-1 y el puerto de Navafría, o por la M-607 cruzando los puertos de Navacerrada y Cotos, esta última una de las carreteras más bonitas de la Comunidad. También sube un autobús interurbano desde Plaza de Castilla. En total, algo menos de hora y media desde el centro de Madrid.

Rascafría demuestra que no hace falta ir a los Pirineos para sentirse en alta montaña. Prepara la mochila, madruga un poco y déjate abrazar por el valle del Lozoya: volverás con los pulmones llenos y ganas de repetir.

Foto: LBM1948 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons