Hay pueblos que parecen sacados de un libro de caballerías, y Olite es uno de ellos. En plena Zona Media de Navarra, a unos 40 kilómetros al sur de Pamplona, esta pequeña villa medieval esconde uno de los palacios góticos más espectaculares de Europa y un mar de viñedos que la ha convertido en la capital del vino navarro. Te proponemos una escapada donde la historia y la copa van de la mano.
El Palacio Real, un capricho gótico
El gran protagonista es el Palacio Real de Olite, mandado ampliar en el siglo XV por Carlos III el Noble, un rey enamorado del lujo cortesano francés. El resultado es un laberinto delicioso de torres, galerías, patios y escaleras de caracol que en su día llegó a tener jardines colgantes y hasta una pajarera real. Descubrirás rincones como la Torre de los Cuatro Vientos o el mirador de la Torre del Homenaje, desde donde la vista abarca tejados medievales y viñedos hasta el horizonte. Reserva al menos una hora y media para recorrerlo sin prisas: cada esquina pide foto.
Un casco antiguo para perderse
Olite no se acaba en su palacio. El casco histórico, declarado conjunto monumental, se recorre en un paseo tranquilo por calles empedradas flanqueadas de casonas con escudos y galerías de madera. No te pierdas:
- La iglesia de Santa María la Real, con una portada gótica tallada como un encaje de piedra.
- La iglesia de San Pedro, la más antigua de la villa, con su esbelta torre gótica rematada en aguja.
- La Torre del Chapitel, antigua puerta del reloj que daba acceso al recinto amurallado.
- Las galerías medievales subterráneas, un pasadizo del siglo XIV bajo la Plaza Carlos III que hoy acoge una exposición sobre la vida en la corte.
La capital del vino navarro
Si Olite huele a algo, es a mosto. La villa está rodeada de viñedos y es sede del Museo del Vino de Navarra, perfecto para entender por qué esta tierra lleva siglos entregada a la uva. Varias bodegas del entorno organizan visitas con cata, una manera estupenda de rematar la mañana. En los asadores y mesones del pueblo triunfan las verduras de la ribera, la chuletilla de cordero a la brasa y, cómo no, los rosados y tintos de la zona. Para preparar la ruta con fundamento, una guía de viaje de Navarra te ayudará a combinar bodegas, monumentos y pueblos cercanos sin dejarte nada.
Cuándo ir y cómo llegar
Cualquier época es buena, aunque la primavera y la vendimia de septiembre tienen un encanto especial. A mediados de agosto la villa se viste de época con sus Fiestas Medievales, con mercado, teatro y música por las calles. En verano el sol aprieta fuerte en la Zona Media, así que llévate una cantimplora térmica para tener agua fresca mientras callejeas, porque entre torre y torre se anda más de lo que parece. Llegar es sencillo: la AP-15 deja Olite a media hora de Pamplona, y también hay tren y autobuses regulares desde la capital navarra.
Alrededores que redondean la escapada
A un cuarto de hora tienes la Laguna de Pitillas, un humedal estupendo para observar aves, y a poco más de veinte minutos el pueblo medieval de Ujué, encaramado a su cerro. Tafalla y el monasterio de La Oliva completan un fin de semana redondo por la Zona Media.
Olite es de esos lugares que demuestran que no hace falta cruzar fronteras para dormir junto a un castillo de cuento. Ven con calma, brinda con un rosado bien frío y déjate llevar: la corte de los reyes de Navarra te espera.
Foto: Diego Delso · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons