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Escapada a Ochagavía, la puerta de la Selva de Irati

Panorámica de Ochagavía con sus casas de tejados empinados junto al río Anduña y el puente de piedra

En el corazón del Pirineo navarro, donde el valle de Salazar se estrecha y el río Anduña baja cantando entre casas de piedra, te espera Ochagavía, uno de los pueblos más bonitos de la montaña navarra. Sus tejados empinados de teja plana, sus balcones de madera repletos de flores y su puente medieval componen una postal que parece detenida en el tiempo. Y, como guinda, tiene a las puertas uno de los bosques más mágicos de Europa: la Selva de Irati.

Un paseo por el pueblo

Ochagavía se disfruta a pie y sin plano. Cruza el puente de piedra sobre el Anduña, piérdete por las calles empedradas de los barrios que suben hacia la iglesia y fíjate en los grandes portalones y escudos de las casas señoriales. En lo alto te recibe la iglesia de San Juan Evangelista, con su robusta torre medieval, y repartidos por el pueblo encontrarás lavaderos y fuentes que hablan de siglos de vida ganadera. El Centro de Interpretación de la Naturaleza, junto al río, es una parada muy recomendable para entender el valle antes de adentrarte en sus bosques.

La ermita de Muskilda y sus danzantes

Una pista forestal (también hay sendero) sube hasta la ermita de Nuestra Señora de Muskilda, del siglo XII, coronando el monte que protege el pueblo. Desde arriba, la vista del valle de Salazar es de las que se quedan grabadas. En torno al 8 de septiembre, la romería llena la explanada con los famosos danzantes de Ochagavía, vestidos de colores y encabezados por el enigmático personaje del Bobo. Si coincides, no te lo pierdas.

La Selva de Irati, el gran tesoro

A unos 25 minutos en coche por una carretera de montaña preciosa se llega a las Casas de Irati, acceso sur al segundo hayedo-abetal más extenso de Europa. Senderos para todos los niveles recorren un bosque que en otoño se incendia de ocres y dorados; el embalse de Irabia es una de las rutas clásicas. Algunos consejos para disfrutarlo:

  • Ve con unas botas de montaña impermeables: los senderos entre hayas conservan barro y humedad buena parte del año.
  • Incluso en verano refresca bajo el arbolado y en las mañanas del valle, así que un forro polar ligero en la mochila nunca sobra.
  • En otoño madruga: es la temporada estrella y los aparcamientos del bosque se llenan pronto.

Dónde comer y qué probar

La cocina del valle es contundente y honesta: migas de pastor, cordero, ternera de los pastos pirenaicos, setas en temporada y queso de oveja latxa. En los bares del pueblo, un plato caliente tras la caminata sabe a gloria. Para llevarte un recuerdo, busca queso y miel de productores locales.

Cuándo ir y cómo llegar

El otoño es la época reina por el espectáculo de Irati, pero la primavera, con el valle verde y los ríos crecidos, y el verano fresco de montaña son igual de agradecidos. En invierno el paisaje nevado es una maravilla, aunque conviene consultar el estado de las carreteras. Desde Pamplona se tarda algo menos de hora y media por Lumbier y el valle de Salazar. Si planeas caminatas largas por pistas y laderas, unos bastones de trekking plegables aliviarán tus rodillas en los descensos.

Ochagavía es de esos pueblos que reconcilian con la montaña: piedra, agua, bosque y silencio. Resérvale al menos un fin de semana y entenderás por qué quienes lo descubren vuelven una y otra vez.