En la esquina donde el río Bidasoa se abre al Cantábrico, mirando de tú a tú a la costa francesa, Hondarribia presume de ser una de las villas más hermosas de Guipúzcoa. Aquí conviven una ciudadela amurallada de aire castellano, un barrio de pescadores de colores imposibles y una de las mejores barras de pintxos del norte. Te proponemos una escapada que combina historia, mar y monte sin moverte apenas del pueblo.
El casco antiguo amurallado
Cruza la puerta de Santa María y déjate llevar cuesta arriba por la calle Mayor, flanqueada por casonas de piedra con escudos y aleros de madera tallada. En lo alto te esperan la iglesia de Santa María de la Asunción y del Manzano, con su robusta torre, y la plaza de Armas, presidida por el castillo de Carlos V, una fortaleza del siglo X reconstruida por el emperador que hoy funciona como Parador. Las cuestas y el empedrado piden calzado cómodo para caminar: lo agradecerás cuando lleves un par de horas callejeando entre murallas, baluartes y miradores sobre la bahía.
La Marina, el barrio más fotogénico
Extramuros, a pie de puerto, se despliega el barrio de La Marina, el antiguo arrabal de pescadores. Sus casas encaladas lucen balcones de madera pintados de verde, azul y rojo intenso, rebosantes de geranios en cuanto llega el buen tiempo. La calle San Pedro, peatonal y siempre animada, concentra terrazas y tabernas. Es uno de esos rincones que justifican llevar una cámara de fotos compacta en el bolsillo, porque cada portal, cada esquina y cada hilera de balcones es una postal.
Jaizkibel y el cabo Higuer
Hondarribia también es monte y acantilado. El Jaizkibel, la mole que protege al pueblo por el oeste, está surcado por senderos con vistas a la bahía de Txingudi y a la costa vascofrancesa; por su ladera pasa además el Camino de Santiago del Norte. Merece la pena subir a la ermita de Guadalupe, muy querida por los hondarribitarras, y acercarse al cabo Higuer, con su faro asomado al punto donde España se acaba (o empieza). El tiempo aquí cambia en minutos: aunque salga el sol, guarda en la mochila un chubasquero impermeable ligero, porque las nubes que trae el Cantábrico no suelen avisar.
Dónde y qué comer
La despensa de Hondarribia sale del mar y de los caseríos. Estas son algunas ideas para no fallar:
- Pintxos en La Marina: la calle San Pedro y aledañas concentran barras premiadas; pide lo que veas recién salido de la cocina.
- Pescado del día: el puerto sigue vivo, y el rape, el bonito en temporada o las kokotxas son apuestas seguras.
- Tortilla de bacalao y txuleta: clásicos vascos que aquí se bordan, acompañados de sidra o txakoli.
Cómo llegar y cuándo ir
Hondarribia está a un paso de la frontera de Irún y cuenta con buenas conexiones por carretera; el pequeño aeropuerto de la comarca está literalmente junto al pueblo. Un plan encantador es cruzar en la motora que une el puerto con Hendaya en pocos minutos, para ver la villa desde el agua. Cualquier época es buena: la primavera y el comienzo del otoño regalan luz y menos gente, mientras que a principios de septiembre el Alarde, con miles de vecinos desfilando en recuerdo del sitio de 1638, llena las calles de tambores y emoción.
Pocas escapadas dan tanto en tan poco espacio: murallas, un barrio marinero de postal, monte, faro y una mesa extraordinaria. Hondarribia te espera en la muga, y quien la descubre siempre acaba volviendo.
Foto: Jasagarra · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons