En el extremo oriental del Pirineo navarro, donde el río Esca abre camino entre montañas, se esconde Roncal, la villa que da nombre a todo un valle y a uno de los quesos más celebrados de España. Casas de piedra con tejados empinados, calles empedradas que trepan por la ladera y un ambiente de montaña auténtico hacen de este pueblo una escapada deliciosa en el sentido más literal de la palabra.
Un pueblo de piedra y pizarra
El casco urbano de Roncal es puro Pirineo: callejones estrechos, escudos nobiliarios, balcones de madera y chimeneas troncocónicas pensadas para los largos inviernos. Piérdete sin prisa por el laberinto de cuestas que rodea la iglesia de San Esteban y baja después hasta el río, donde el pueblo se mira en el agua. Todo el valle presume de una historia singular: sus gentes fueron ganaderos trashumantes y almadieros, aquellos valientes que bajaban la madera río abajo en balsas de troncos hasta el Ebro.
Tras los pasos de Julián Gayarre
Roncal es la patria chica de Julián Gayarre, considerado uno de los mejores tenores de la historia, nacido aquí en 1844. Su casa-museo permite asomarse a la vida del pastor que conquistó los teatros de medio mundo, y en el cementerio del pueblo te espera su espectacular mausoleo, obra del escultor Mariano Benlliure. Una historia de superación que emociona incluso a quienes no distinguen un aria de una jota.
El queso Roncal, el rey del valle
Hablar de Roncal es hablar de su queso, elaborado con leche cruda de oveja latxa y rasa y curado con mimo: fue el primer queso español en lograr una Denominación de Origen. En el pueblo y en el valle encontrarás queserías artesanas donde comprarlo directamente, y algunas organizan visitas para ver el proceso. Es un manjar de sabor intenso y ligeramente picante que gana muchísimo bien servido: en casa, córtalo en cuñas finas con un cuchillo para queso y sácalo un rato antes a temperatura ambiente sobre una tabla de quesos de madera, acompañado de nueces y un tinto navarro. El picoteo perfecto para revivir la escapada.
Naturaleza en mayúsculas
El valle del Roncal es un paraíso senderista. Desde el propio pueblo salen paseos junto al Esca, y en pocos minutos en coche alcanzas escenarios mayores: la foz de Burgui aguas abajo, el pinar y las cumbres que rodean Isaba y, en la cabecera del valle, los paisajes de Belagua y Larra, con el karst más impresionante del Pirineo occidental y las faldas de la Mesa de los Tres Reyes. En cualquier época conviene ir preparado: el tiempo cambia rápido en la montaña, y un forro polar térmico en la mochila te salvará más de una tarde fresca, incluso en pleno agosto.
Tradiciones vivas
- El Tributo de las Tres Vacas, cada 13 de julio en la muga con Francia, es considerado uno de los tratados vigentes más antiguos de Europa: los valles vecinos renuevan un pacto ganadero con siglos de historia.
- En Burgui, el Día de la Almadía, en primavera, recuerda a los almadieros con descensos de balsas por el Esca.
Cómo llegar y cuándo ir
Roncal está a algo menos de hora y media de Pamplona por Lumbier y la foz de Sigüés. La primavera pinta el valle de verde, el otoño lo dora y el invierno lo cubre de nieve con frecuencia: cada estación tiene su premio.
Pocas escapadas alimentan tanto el cuerpo y la memoria como esta. Ven al valle del Roncal, camina sus sendas, escucha su historia y llévate su queso: te aseguramos que ninguna de las tres cosas se olvida.
Foto: Iñaki LL · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons