Entre Zarautz y Zumaia, un pequeño promontorio con forma de ratón se adentra en el Cantábrico: es el monte San Antón, el famoso ratón de Getaria, y a sus pies se apiña uno de los pueblos con más sustancia de toda la costa vasca. En apenas un puñado de calles medievales caben el primer hombre que dio la vuelta al mundo, un genio de la alta costura y un vino blanco y chispeante que se bebe mirando al mar. Descubrirás que Getaria es pequeña solo en tamaño.
Un puerto con olor a parrilla
Lo primero que te recibe al llegar es el humo de las parrillas, donde los asadores hacen a la brasa el pescado que descargan las lanchas: rodaballo, besugo, bonito en verano. Comer pescado a la parrilla junto al puerto es el gran rito getariarra, y conviene reservar o llegar pronto porque la fama es merecida. Para abrir boca, unas anchoas del Cantábrico y un txakoli bien frío.
Tras la estela de Juan Sebastián Elcano
Getaria es la patria de Juan Sebastián Elcano, el marino que en 1522 completó la primera vuelta al mundo al mando de la nao Victoria. Su memoria está por todas partes: en el monumento que lo recuerda, en los nombres de las calles y en el orgullo local. El casco histórico se recorre en un paseo delicioso por la calle Mayor, bajo arcos y casas de piedra, hasta la iglesia de San Salvador, un templo gótico sorprendente con el suelo de madera inclinado hacia el altar y un paso abovedado bajo el propio templo que baja directo al puerto.
Balenciaga, alta costura junto al mar
El otro hijo ilustre es Cristóbal Balenciaga, hijo de una costurera y un pescador, que llegó a vestir a la realeza y a revolucionar la moda del siglo XX. El museo dedicado a su obra, instalado junto a un elegante palacio en lo alto del pueblo, exhibe vestidos que son pura escultura; aunque no seas fan de la moda, sal de dudas: impresiona.
La tierra del txakoli
Las laderas que rodean Getaria están cubiertas de viñedos en espaldera que se descuelgan hacia el mar: es el corazón de la denominación de origen Getariako Txakolina. Muchas bodegas familiares organizan visitas y catas con vistas al Cantábrico, un plan redondo para una tarde. Si te llevas unas botellas a casa —lo harás—, un sacacorchos de viaje en la maleta te permitirá brindar como es debido en cualquier parte, y en el pueblo aprenderás el gesto local: escanciar el txakoli desde lo alto para que rompa en el vaso.
Playas y el paseo hasta Zarautz
Getaria tiene dos playas de arena con caracteres opuestos: Malkorbe, resguardada por el puerto y perfecta para el baño tranquilo, y Gaztetape, más abierta y querida por los surfistas. La caminata clásica es subir al monte San Antón entre tamarindos para ver la costa desde el faro, y luego recorrer el paseo peatonal que une Getaria con Zarautz pegado a las olas: llano, espectacular y de apenas media hora. Para estos paseos va de maravilla una mochila urbana impermeable donde llevar agua, toalla y algo de abrigo. Y si quieres encajar la visita en una ruta mayor por la costa, una buena guía de viaje del País Vasco te ayudará a hilvanar Getaria con el flysch de Zumaia y el resto de pueblos marineros.
Vino, mar, historia y buena mesa en un decorado medieval asomado al Cantábrico: pocas escapadas cunden tanto. Ven con hambre, vete con botellas.
Foto: Fernando Lozano from Donostia/San Sebastián, Basque Country · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons