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Qué ver en Cudillero, el pueblo anfiteatro de Asturias

Vista panorámica de las casas de colores de Cudillero dispuestas en anfiteatro sobre el puerto pesquero

Hay pueblos que se recorren y pueblos que se contemplan, y Cudillero pertenece a los dos bandos. Esta villa marinera de la costa occidental asturiana se derrama ladera abajo como un anfiteatro de casas de colores que parecen a punto de caer al puerto. Sus vecinos, los pixuetos, conservan incluso una forma de hablar propia, y en cuanto pises la plaza de la Marina entenderás por qué este rincón enamora a todo el que lo visita.

El anfiteatro pixueto, calle a calle

El corazón de Cudillero es su plaza de la Marina, junto al puerto viejo, rodeada de sidrerías y con las casas apiladas en semicírculo sobre ella. Desde ahí, lo mejor es perderse sin plano por las callejas y escaleras que trepan por la ladera: cada quiebro regala una perspectiva distinta de los tejados rojos y las fachadas azules, amarillas y verdes. No te saltes la iglesia parroquial de San Pedro, gótica y sobria, ni la pequeña capilla del Humilladero, una de las construcciones más antiguas del pueblo.

El puerto sigue siendo pesquero de verdad: por la tarde verás descargar cajas de pescado y remendar redes. A finales de junio, por San Pedro, se celebra L'Amuravela, un pregón en pixueto que repasa con sorna el año del pueblo y que es fiesta grande en Cudillero.

Miradores para quedarse sin palabras

  • Mirador de la Garita-Atalaya: el clásico, sobre el caserío y el puerto. La vista del anfiteatro al atardecer es la postal que te llevarás a casa.
  • Mirador del Baluarte: perfecto para ver el pueblo desde el otro lado, con el Cantábrico de fondo.
  • El faro de Cudillero: un paseo corto por el espigón te planta ante los acantilados; los días de mar brava el espectáculo está garantizado.

El tiempo en esta costa cambia en minutos, así que aunque el día amanezca despejado conviene llevar un chubasquero plegable en el bolso: el orbayu, esa llovizna fina asturiana, aparece sin avisar y no perdona.

Qué comer en Cudillero

Aquí manda el mar. En las sidrerías del puerto y de la plaza encontrarás merluza del pincho, pixín (rape), calamares de potera y mariscadas, además del curadillo, un pescado secado al aire libre que es seña de identidad pixueta y que verás colgado en algunas fachadas. De postre, arroz con leche requemado, y todo regado con sidra natural escanciada como manda la tradición.

Alrededores: del Versalles asturiano a la playa del Silencio

A cinco minutos, en El Pito, espera el palacio y la quinta de Selgas, apodado el Versalles asturiano por sus jardines señoriales. Y hacia el oeste, dos joyas del litoral: el cabo Vidio, con acantilados de más de cien metros y vistas que abarcan de Estaca de Bares a cabo de Peñas, y la playa del Silencio, una concha de cantos rodados protegida por islotes que muchos consideran la más bella de Asturias. En estos acantilados unos prismáticos compactos se disfrutan de lo lindo: podrás seguir a los cormoranes y gaviotas patiamarillas que anidan en los islotes y, con suerte, avistar algún delfín mar adentro.

Consejos prácticos y cómo llegar

  • Cudillero está a unos 55 kilómetros de Oviedo y 35 de Avilés, con salida directa desde la Autovía del Cantábrico (A-8).
  • En verano deja el coche en los aparcamientos de la parte alta: el casco es peatonal en la práctica y las calles, estrechísimas.
  • Calzado cómodo obligatorio: todo son cuestas y escaleras.
  • Si puedes, quédate a dormir: cuando los excursionistas se marchan, el pueblo recupera una calma deliciosa y las farolas encendidas sobre el puerto son puro romanticismo.

Cudillero es de esas escapadas que caben en un fin de semana y se quedan en la memoria mucho más tiempo. Ven con hambre, con ganas de cuestas y con la cámara cargada: el anfiteatro pixueto hará el resto.

Foto: Nicolás Pérez · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons