Hay un rincón de Cantabria donde Gaudí construyó una de sus obras más juguetonas y los indianos levantaron palacios frente al Cantábrico. Es Comillas, una villa marinera de la costa occidental que mezcla como ninguna otra el modernismo catalán, las rúas empedradas y el olor a salitre. Descubrirás que un pueblo tan pequeño puede dar para mucho más de un día.
El Capricho de Gaudí y el legado modernista
La gran sorpresa de Comillas es encontrarse aquí, tan lejos de Barcelona, con El Capricho, la villa que Antoni Gaudí diseñó en su juventud: una explosión de ladrillo, cerámica de girasoles y un torreón que parece salido de un cuento. La visita al interior merece la pena para entender los juegos de luz del arquitecto.
A su lado se alza el Palacio de Sobrellano, obra neogótica de Joan Martorell para el primer marqués de Comillas, con una capilla panteón que parece una catedral en miniatura. Y coronando la colina, el imponente edificio de la antigua Universidad Pontificia, visible desde media villa.
Un cementerio de leyenda y el casco viejo
Pocas veces un cementerio entra en la lista de imprescindibles, pero el de Comillas, levantado sobre las ruinas de una iglesia gótica, lo consigue: el Ángel Exterminador de Josep Llimona vigila el mar desde lo alto de los muros y al atardecer la escena es pura melancolía romántica. Después, piérdete por el casco histórico: la plaza del Corro Campíos, las casonas con escudos, la iglesia de San Cristóbal y las callejas que bajan hacia el puerto pesquero.
Playas y naturaleza: Oyambre a un paso
La playa de Comillas, junto al puerto, es perfecta para un baño urbano. Pero el tesoro está al lado: el Parque Natural de Oyambre, con dunas, rías, praderas y arenales inmensos como la playa de Oyambre, donde el verde llega casi hasta la orilla. Es territorio de aves acuáticas, así que unos prismáticos compactos convierten el paseo por la ría en una pequeña expedición ornitológica. Si te animas a recorrer la costa a pie, hay sendas con acantilados y vistas a los Picos de Europa en los días claros; con una mochila de día con agua y algo de picar tienes resuelta la jornada.
Dónde y qué comer
Comillas es villa marinera y se nota en la mesa: sorropotún y marmitas de bonito en temporada, rabas, pescados de la lonja cercana y, de postre, quesada o sobaos de la comarca. En las terrazas del centro se come bien mirando la vida pasar; los fines de semana conviene no sentarse muy tarde porque se llenan.
Cómo llegar y cuándo ir
La villa está junto a la A-8, a unos 50 minutos de Santander. Puedes combinarla fácilmente con Santillana del Mar y San Vicente de la Barquera en una misma escapada de fin de semana.
- Verano: ambientazo, playas y todos los monumentos abiertos, pero más gente.
- Primavera y otoño: la mejor luz para fotografiar El Capricho y mucha más calma.
- Invierno: el Cantábrico bravo tiene su encanto si no te asusta el viento.
Comillas demuestra que no hace falta elegir entre arte, mar y buena mesa. Ven un fin de semana, súbete a la colina de la Universidad al caer la tarde y entenderás por qué los marqueses, los indianos y hasta Gaudí se enamoraron de este pueblo.
Foto: Sandstein · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons