Encajado entre montañas, donde se abrazan los ríos Deva y Quiviesa, Potes es la capital de Liébana y una de las villas más fotogénicas del norte de España. Sus puentes de piedra, sus casas colgadas sobre el río y el telón de fondo de los Picos de Europa componen una escapada redonda: patrimonio, montaña y una gastronomía contundente que te reconciliará con el mundo.
Qué ver en el casco antiguo
El barrio viejo de Potes, declarado conjunto histórico, se recorre callejeando sin rumbo entre casonas de piedra y balconadas de madera. No te pierdas:
- La Torre del Infantado, robusta torre medieval del siglo XV que domina la villa y acoge exposiciones en su interior.
- El puente de San Cayetano y el puente Nuevo, desde donde se llevan las fotos más clásicas de las casas asomadas al río Quiviesa.
- La iglesia de San Vicente, con su mezcla de gótico y añadidos posteriores.
Si puedes, ven un lunes: el mercado semanal llena la villa de productos de la comarca, de quesos a miel de montaña, y es una tradición con siglos de historia.
Santo Toribio y el teleférico de Fuente Dé
A un par de kilómetros se esconde el monasterio de Santo Toribio de Liébana, uno de los lugares santos del cristianismo: custodia el Lignum Crucis, considerado el mayor fragmento conservado de la cruz de Cristo, y celebra su propio Año Jubilar. Creyente o no, el paraje entre bosques merece la subida.
Carretera arriba, a unos 25 minutos, el teleférico de Fuente Dé salva un desnivel de vértigo en pocos minutos y te planta en pleno corazón de los Picos de Europa. Arriba te esperan rutas para todos los niveles, como la bajada por los puertos de Áliva. Aunque en el valle haga sol, en la estación superior la temperatura desploma: mete un forro polar de montaña en la mochila incluso en pleno agosto, y para las rutas por terreno pedregoso agradecerás unas botas de senderismo impermeables bien domadas.
La mesa lebaniega: cocido y orujo
Liébana es tierra de cuchara. El cocido lebaniego, con sus garbanzos finos, compango y relleno, es el plato estrella; pídelo sin prisa porque es un ritual en toda regla. Completan el recetario los quesucos de Liébana, la carne de las brañas y, para rematar, un chupito de orujo, destilado aquí desde tiempos inmemoriales y protagonista de una fiesta propia a mediados de noviembre. Para las excursiones, llena un termo de acero inoxidable con café o caldo: en los miradores de altura se agradece como un tesoro.
Cuándo ir y cómo llegar
Cada estación tiene su premio: en otoño los bosques de Liébana arden en ocres, en primavera las cumbres siguen nevadas sobre los prados verdes y en verano el clima es más seco que en la costa, porque el valle tiene un microclima casi mediterráneo. Se llega por el impresionante desfiladero de la Hermida, una carretera tallada en la roca junto al río Deva que ya es una atracción en sí misma; tómatela con calma y para en los miradores.
Potes no es solo una base para los Picos: es un destino con alma propia. Ven con hambre, con ganas de andar y con la cámara cargada, porque el corazón de Liébana se gana el suyo a la primera.
Foto: LBM1948 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons