Dicen en Cantabria que Santillana del Mar es la villa de las tres mentiras: ni es santa, ni es llana, ni tiene mar. Lo que sí tiene, y a raudales, es uno de los conjuntos medievales mejor conservados de España, a apenas media hora de Santander. Te proponemos una escapada para perderte por sus calles empedradas y viajar, de paso, miles de años atrás en las cuevas de Altamira.
Un paseo por la villa medieval
El casco histórico de Santillana es peatonal y se recorre entero a pie, sin prisa, que es como se disfruta. Desde la Plaza Mayor de Ramón Pelayo, presidida por la Torre de Don Borja y la Torre del Merino, dos calles principales concentran lo esencial:
- La Colegiata de Santa Juliana, joya del románico cántabro del siglo XII, con un claustro de capiteles historiados que justifica por sí solo el viaje.
- Casonas y palacios blasonados, como el Palacio de Velarde o la Casa de los Hombrones, con sus enormes escudos de piedra.
- Balcones de madera cuajados de flores que convierten cada esquina en una postal.
Un consejo: madruga o quédate a dormir en la villa. A media mañana llegan las excursiones y el ambiente cambia; al anochecer, con las calles vacías y la piedra iluminada, Santillana es otro mundo.
Altamira, la Capilla Sixtina del arte rupestre
A dos kilómetros del pueblo espera el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira. La cueva original tiene el acceso restringido para conservarla, pero la Neocueva reproduce con una fidelidad asombrosa los bisontes policromados pintados hace más de 14.000 años. Si viajas con niños, es una visita que les vuela la cabeza. Antes de ir, te vendrá bien hojear una guía de viaje de Cantabria para entender el contexto de todo el arte rupestre de la región, porque hay más cuevas visitables en los alrededores.
Qué comer en Santillana
Aquí el dulce manda. La quesada pasiega y los sobaos son religión, y en varias tiendas del casco antiguo los venden recién hechos. También es tradición tomar un vaso de leche fresca con bizcocho, una costumbre que se remonta a cuando las ganaderas vendían la leche de sus casas a los visitantes. En lo salado, apunta el cocido montañés y los quesos de la comarca, perfectos para reponer fuerzas tras la caminata.
Alrededores que merecen la pena
Santillana es una base excelente para explorar la costa occidental cántabra. En pocos minutos en coche llegas a Suances y sus playas, a Comillas y su modernismo o a las verdes praderas del interior. Muy cerca queda también el zoo de Santillana, pequeño pero curioso, conocido por su campaña de conservación de especies amenazadas.
Cuándo ir y consejos prácticos
La villa es preciosa todo el año. En primavera y otoño encontrarás menos gente y una luz espectacular sobre la piedra dorada. Eso sí, estás en Cantabria: el orbayu puede aparecer en cualquier momento, así que llévate una capa de lluvia plegable que ocupe poco en el bolso, porque los chaparrones van y vienen y los paraguas se pelean mal con las calles estrechas. El suelo empedrado es irregular: calzado cómodo y olvídate de tacones.
Para llegar, la A-8 deja Santillana a media hora de Santander y a poco más de una hora de Bilbao. Hay aparcamientos en la entrada del pueblo, ya que el casco histórico está cerrado al tráfico.
Santa o no, llana o no, con mar o sin él, Santillana del Mar es de esos lugares que se quedan grabados. Reserva un fin de semana, ven con calma y déjate llevar por sus piedras: pocas mentiras han sido nunca tan hermosas.
Foto: Luis Fermín TURIEL PEREDO · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons