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Qué ver en Besalú, la villa medieval del puente sobre el Fluvià

Vista panorámica de Besalú con su puente románico fortificado sobre el río Fluvià

Hay pueblos que se anuncian desde lejos, y Besalú es uno de ellos. Su puente fortificado sobre el río Fluvià, con su torre en ángulo y sus siete arcos desiguales, es una de las postales medievales más rotundas de Cataluña. Estás en la Garrotxa, en la provincia de Girona, y en cuanto pongas un pie en el empedrado entenderás por qué esta antigua capital condal es visita obligada en cualquier escapada por el norte de Cataluña.

Un paseo por el Besalú medieval

Todo empieza en el Pont Vell, el puente románico que durante siglos fue la única entrada a la villa y donde se cobraba el peaje. Cruzarlo despacio, con el agua del Fluvià abajo y las murallas enfrente, ya justifica el viaje. Al otro lado te espera un casco antiguo sorprendentemente bien conservado: la plaça de la Llibertat con sus soportales, la calleja Tallaferro subiendo hacia los restos del castillo y rincones góticos como la Casa Cornellà, uno de los edificios civiles románicos mejor conservados de Cataluña.

No te pierdas el monasterio de Sant Pere, con su curioso deambulatorio y los leones de la ventana de la fachada, ni la iglesia de Sant Vicenç, con portadas románicas llenas de detalles. Casi todo se ve bien por fuera, pero merece la pena consultar en la oficina de turismo las visitas guiadas que abren espacios normalmente cerrados.

La judería y el miqvé, el tesoro escondido

Besalú tuvo una de las comunidades judías más importantes de la Cataluña medieval, y su gran joya apareció por casualidad en los años sesenta: el miqvé, un baño ritual judío del siglo XII excavado junto al río. Es uno de los poquísimos que se conservan en Europa y se visita con la entrada o visita que gestiona la oficina de turismo. El barrio judío que lo rodea, con los restos de la sinagoga y sus callejuelas en pendiente hacia el Fluvià, es de esos lugares que piden calma. Aquí conviene llevar una cámara de fotos compacta a mano, porque la luz de primera hora sobre el puente y los tejados es un regalo.

Sabores de la Garrotxa

La comarca es tierra de cocina volcánica y contundente. En las tiendas y restaurantes del pueblo encontrarás embutidos artesanos, alubias de Santa Pau, queso y la popular ratafía, el licor de hierbas y nueces verdes que aquí se toma como digestivo. Un buen plan es comprar algo de embutido y pan de payés y improvisar un almuerzo con vistas al río.

Cuándo ir y cómo llegar

  • En coche: Besalú está junto a la A-26, a unos 30 minutos de Girona y poco más de una hora y media de Barcelona. Aparca en los estacionamientos de la entrada; el centro es peatonal.
  • En transporte público: hay autobuses regulares desde Girona, Figueres y Olot.
  • Mejor época: primavera y otoño, cuando la Garrotxa está verde y hay menos gente. En septiembre el pueblo celebra una gran fiesta medieval que lo devuelve al siglo XII.

Alrededores: volcanes y pueblos colgados

Besalú es la puerta de la zona volcánica de la Garrotxa: en menos de media hora estás caminando entre los cráteres del Croscat y Santa Margarida o por el hayedo de la Fageda d'en Jordà. También tienes muy cerca Castellfollit de la Roca, encaramado a un risco basáltico, y el lago de Banyoles para cerrar el día junto al agua. Si piensas combinar pueblo y senderismo, una mochila de día ligera con agua y algo de abrigo te resolverá la jornada, porque el tiempo en la comarca cambia rápido.

Besalú se ve en unas horas, pero se disfruta en un día entero, cuando los grupos se marchan y el puente se queda casi vacío. Ven sin prisa, piérdete por sus callejones y deja que el Fluvià te cuente mil años de historia.

Foto: Mikipons · CC BY-SA 3.0 es · Wikimedia Commons