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Nueva Orleans: jazz, criollos y las orillas del Misisipi

Balcones de hierro forjado en el Barrio Francés de Nueva Orleans

Nueva Orleans no se parece a ninguna otra ciudad de Estados Unidos, y ella lo sabe. Fundada por franceses, gobernada por españoles y mecida por África y el Caribe, la ciudad del Misisipi es una fiesta permanente de música, cocina y superstición. Te proponemos una escapada a la cuna del jazz, donde hasta los funerales acaban en desfile.

El Barrio Francés, corazón criollo

El French Quarter es el casco histórico y el imán de la ciudad: manzanas de casas criollas con balcones de hierro forjado —herencia, por cierto, del periodo español— cargados de helechos y collares de colores. Estos son sus imprescindibles:

  • Jackson Square: la plaza presidida por la catedral de San Luis, con pintores, músicos y tarotistas a sus puertas.
  • Royal Street: anticuarios, galerías y bandas de jazz tocando en plena calle.
  • Bourbon Street: ruidosa y descarada, hay que verla al menos una vez, mejor al caer la tarde.
  • El French Market: mercado histórico donde picar algo y comprar salsas picantes y recuerdos.

La música: del jazz al brass band

Aquí nació el jazz, y sigue sonando por todas partes. La calle Frenchmen Street, en el barrio de Marigny, es el lugar favorito de los locales, con clubes en los que cada noche se encadenan conciertos de jazz, blues y funk. Busca también las brass bands que tocan en las esquinas del Barrio Francés y, si coincides con un second line —los desfiles dominicales con banda y paraguas al aire—, únete: es la esencia misma de la ciudad. En Tremé, uno de los barrios afroamericanos más antiguos del país, late la historia de esta cultura.

Cocina criolla y cajún: ven con hambre

Comer es aquí una religión con dos credos: la cocina criolla, urbana y afrancesada, y la cajún, campesina y especiada. Apunta estos clásicos:

  • Gumbo: guiso oscuro de okra, marisco o pollo con arroz.
  • Jambalaya: prima lejana de la paella, con arroz, embutido ahumado y especias.
  • Po'boy: bocadillo de ostras u otros fritos en pan crujiente.
  • Beignets: buñuelos cubiertos de azúcar glas, el desayuno más famoso de la ciudad, acompañados de café con achicoria.

El Misisipi y los pantanos

Frente al Barrio Francés fluye, ancho y marrón, el Misisipi. Puedes recorrerlo en un barco de vapor con ruedas de paletas, música de jazz a bordo incluida, o simplemente ver pasar los cargueros desde el paseo ribereño. A menos de una hora, los pantanos del bayou ofrecen paseos en barca entre cipreses cubiertos de musgo, caimanes y garzas: la Luisiana profunda. Para esas excursiones conviene un buen repelente de mosquitos, porque en el bayou pican con ganas, y un sombrero de viaje plegable para el sol húmedo del sur.

Consejos prácticos

  • Cuándo ir: de febrero a mayo y de octubre a diciembre el clima es más amable. El Mardi Gras, en febrero o marzo, es la gran fiesta: espectacular, pero multitudinaria y con precios altos. El verano es muy caluroso y húmedo.
  • Cómo moverse: el centro se recorre a pie y el histórico tranvía de St. Charles es una atracción en sí mismo.
  • Antes de volar: recuerda el ESTA para entrar en Estados Unidos y una guía de viaje de Estados Unidos si piensas alargar la ruta por el sur profundo.

Nueva Orleans se vive con todos los sentidos: se escucha, se saborea y se baila. Déjate llevar por su corriente, como el Misisipi, y entenderás por qué la llaman la ciudad que el cuidado olvidó.