En el extremo más occidental del Pirineo de Huesca, donde Aragón se asoma a Navarra, se esconde Ansó, un pueblo de piedra y tejados empinados que ha llegado a nuestros días casi intacto. Aquí no hay multitudes ni tiendas de recuerdos en cada esquina: hay un valle ganadero de belleza serena, un habla propia —el ansotano, variedad del aragonés— y una de las tradiciones más singulares de España.
Un pueblo de postal pirenaica
Ansó, incluido entre los Pueblos Más Bonitos de España, se recorre a pie en un par de horas que saben a poco. Fíjate en las chimeneas troncocónicas coronadas por espantabrujas, esas piedras verticales que, según la tradición, impedían la entrada de las brujas por el tiro de la chimenea. Las calles Mayor y Santa Bárbara concentran las casonas más señoriales, con portadas de dovelas y aleros de madera.
La mole de la iglesia de San Pedro, del siglo XVI, domina el caserío. En su interior se aloja el Museo del Traje Ansotano, imprescindible para entender el que está considerado uno de los trajes tradicionales más completos y antiguos de Europa. Si puedes, acércate a finales de agosto, cuando se celebra el Día del Traje y decenas de vecinos visten las galas heredadas de sus bisabuelos: una lección de historia viva.
Naturaleza brava: de la foz de Biniés a Zuriza
El valle del río Veral es un regalo para los amantes de la montaña tranquila:
- La foz de Biniés, a la entrada del valle, es un desfiladero calizo espectacular que se cruza en coche entre paredes verticales.
- La Selva de Zuriza, al norte del pueblo, despliega hayedos, pinares y praderas al pie de la sierra de Alano; de aquí parten rutas señalizadas para todos los niveles dentro del Parque Natural de los Valles Occidentales.
- El entorno del Ezcaurre y los puertos altos, territorio de sarrios, marmotas y quebrantahuesos.
Para las jornadas largas por Zuriza conviene ir bien equipado: una mochila de montaña de unos 30 litros da de sobra para agua, comida y ropa de abrigo, y una buena guía del Pirineo te ayudará a elegir entre la infinidad de senderos del valle y de los vecinos Hecho y Aragüés. Si madrugas para ver amanecer en los puertos —el momento en que más fauna se deja ver—, no olvides un frontal para los primeros kilómetros a oscuras.
Sabores de valle ganadero
La cocina ansotana es la de un pueblo de pastores: ternera y ternasco criados en los puertos, quesos de la zona, migas, boliches (alubias) y setas en temporada. Los pocos establecimientos del pueblo apuestan por el producto de proximidad, y en las fiestas es fácil probar recetas caseras que no salen en ningún libro.
Consejos para tu visita
Se llega desde Jaca por Puente la Reina y Berdún, remontando después la foz de Biniés; la carretera es estrecha pero muy escénica. Ansó es destino de calma: ven sin prisa, duerme al menos una noche y combina el paseo por el pueblo con una excursión por Zuriza. En verano el clima es fresco y en invierno la nieve suele hacer acto de presencia, así que consulta el estado de las carreteras.
Si buscas el Pirineo auténtico, el de silencio, piedra y montañas sin colas, Ansó es tu sitio. Ven antes de que se corra la voz.
Foto: Cherubino · CC BY-SA 3.0 es · Wikimedia Commons