En el punto exacto donde se abrazan los ríos Cinca y Ara, encaramada sobre un cerro que domina todo el Sobrarbe, te espera Aínsa, una de las villas medievales mejor conservadas de Huesca. Su casco viejo, declarado Conjunto Histórico-Artístico, parece diseñado para que pasees sin prisa, con la silueta de la Peña Montañesa vigilándolo todo desde el horizonte.
Un paseo por la villa medieval
Todo en Aínsa gira en torno a su plaza Mayor, una de las plazas porticadas más bonitas de España: alargada, empedrada y flanqueada por soportales de piedra bajo los que se refugian terrazas y pequeños comercios. Al caer la tarde, cuando la luz dora las fachadas, entenderás por qué la villa figura entre los Pueblos Más Bonitos de España.
En un extremo de la plaza se alza la iglesia de Santa María, una colegiata románica del siglo XII cuya torre puedes subir para llevarte una panorámica de tejados de losa, montañas y ríos. No te vayas sin bajar a su cripta ni sin recorrer el pequeño claustro, de una sencillez que emociona.
En el otro extremo espera el castillo, de origen altomedieval, con una explanada enorme que en su día fue plaza de armas. Dentro encontrarás el Espacio del Geoparque de Sobrarbe y un ecomuseo dedicado a la fauna pirenaica, donde conocerás de cerca al quebrantahuesos, la gran ave carroñera que sobrevuela estas cumbres.
Qué hacer en los alrededores
Aínsa es un campamento base inmejorable. En menos de una hora de coche tienes:
- El valle de Ordesa y el cañón de Añisclo, con paisajes de vértigo esculpidos por el agua.
- La Sierra de Guara, paraíso del barranquismo, con pueblos con tanto encanto como Alquézar.
- Los pueblos del alto Sobrarbe, como San Juan de Plan o Gistaín, donde la vida de montaña sigue latiendo.
Para abrir boca sin coger el coche, desde la propia villa parten senderos que bajan hasta la junta de los ríos y suben de vuelta al casco viejo. Son caminos pedregosos y con algo de desnivel, así que te agradecerás llevar unas botas de trekking impermeables en lugar de calzado urbano, sobre todo si ha llovido.
Dónde comer: sabores del Sobrarbe
La comarca presume de despensa: ternera del Pirineo, longaniza y embutidos de elaboración tradicional, quesos de pastor, setas en otoño y repostería casera como los crespillos de borraja. En los soportales de la plaza y en las callejas aledañas encontrarás desde tabernas de tapeo hasta cocina de montaña actualizada. Pide siempre producto local y no fallarás.
Cuándo ir
Aínsa es bonita todo el año. En primavera los ríos bajan crecidos con el deshielo; en otoño los bosques del Sobrarbe se encienden de ocres y es temporada de setas; en verano las noches son frescas y la plaza se llena de vida. Cada dos años, a principios de septiembre, la villa entera se vuelca en la Morisma, una recreación popular de las luchas entre moros y cristianos con siglos de tradición.
Consejos prácticos
Se llega bien por la N-260, la llamada carretera pirenaica, desde Barbastro o desde Fiscal. Deja el coche en los aparcamientos de la parte baja o junto al castillo y muévete a pie: el casco viejo es pequeño y se disfruta callejeando. Si piensas encadenar excursiones por el Sobrarbe, merece la pena viajar con una buena guía del Pirineo aragonés para elegir rutas a tu medida, y llevar siempre una cantimplora térmica en la mochila: en estas montañas el agua fresca (o el café caliente) se agradece a cualquier hora.
Un fin de semana da para saborear la villa y una excursión; una semana, para enamorarte del Sobrarbe entero. Sea cual sea tu plan, Aínsa te va a pedir que vuelvas.
Foto: Lozano Manzanedo · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons