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Albarracín, el pueblo rojizo que parece detenido en el tiempo

Panorámica de Albarracín con sus casas rojizas y las murallas subiendo por la ladera

Hay pueblos bonitos y luego está Albarracín. Colgado sobre un meandro del río Guadalaviar, en plena Sierra de Albarracín (Teruel), este laberinto de casas rojizas, balcones de madera y callejas imposibles lleva décadas encabezando las listas de los pueblos más bellos de España. Fue declarado Monumento Nacional en 1961 y, en cuanto cruces su portal, entenderás por qué.

Perderse por sus calles, el mejor plan

Albarracín no se visita con un mapa en la mano: se deja uno llevar. Aun así, hay rincones que no debes perderte:

  • La plaza Mayor, asomada al vacío como un balcón sobre el río, con el ayuntamiento porticado.
  • La casa de la Julianeta, la vivienda torcida más fotografiada de Teruel, en la esquina del portal de Molina.
  • La catedral del Salvador, con su torre asomando entre tejados y un interior que sorprende por su colección de tapices.
  • El barrio del Arrabal, junto al río, para ver el pueblo desde abajo con toda su verticalidad.

El color lo pone el yeso rojizo del rodeno, la piedra arenisca de la sierra, que tiñe las fachadas de ese tono entre rosa y salmón que cambia con la luz del día. Al atardecer, el pueblo entero parece arder suavemente.

Subir a las murallas

La imagen más famosa de Albarracín es la de sus murallas trepando por la ladera hasta el Torreón del Andador, de origen andalusí. La subida es corta pero empinada, y las vistas del caserío encajado en el meandro justifican cada paso. Ve con calzado cómodo y, si viajas en otoño o primavera, no está de más una chaqueta impermeable en la mochila: en la sierra el tiempo cambia rápido y a más de 1.100 metros de altitud el viento no perdona.

Los pinares de rodeno y el arte rupestre

A pocos kilómetros del pueblo se extiende el Paisaje Protegido de los Pinares de Rodeno, un mar de pinos sobre roca roja que esconde uno de los conjuntos de arte rupestre levantino más importantes de Aragón, Patrimonio Mundial. Varios senderos señalizados unen los abrigos con pinturas de toros, ciervos y arqueros pintados hace miles de años. El terreno es de subidas y bajadas continuas sobre roca, así que unos bastones de senderismo te vendrán de maravilla para repartir el esfuerzo, sobre todo en los tramos de arenisca suelta.

Dónde comer

La sierra tiene despensa seria: jamón de Teruel con denominación de origen, migas de pastor, ternasco asado, setas de temporada y quesos artesanos. En el casco histórico y en el arrabal encontrarás mesones de cocina tradicional donde el plato fuerte es el producto local; en invierno, pocas cosas reconfortan como unas migas junto a una chimenea.

Cuándo ir y cómo llegar

Cualquier época es buena, pero cada estación tiene su magia: la nieve invernal sobre los tejados rojizos es pura postal, y el otoño llena los pinares de color. Eso sí, en Teruel el invierno es frío de verdad: abrígate. Se llega desde Teruel capital en poco más de media hora por la A-1512. Deja el coche en los aparcamientos de la entrada, porque el casco antiguo es prácticamente peatonal y sus cuestas se disfrutan más sin prisas.

Albarracín es de esos lugares que se graban en la memoria: una escapada corta, en pareja o con amigos, que sabe a viaje en el tiempo. Resérvale al menos una noche, cuando los visitantes de día se marchan y el pueblo, iluminado y en silencio, se queda solo para ti.

Foto: Diego Delso · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons