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Peñíscola, la ciudad en el mar que enamoró al Papa Luna

Panorámica de Peñíscola con el castillo del Papa Luna sobre el peñón y la playa Norte en primer plano

Pocas estampas del Mediterráneo español impresionan tanto como la de Peñíscola: un peñón unido a tierra por un istmo de arena, con un castillo en lo alto y un casco antiguo blanco que cae en cascada hacia el mar. En el Baix Maestrat, al norte de la provincia de Castellón, la llamada ciudad en el mar combina como pocas historia medieval y vacaciones de playa.

El castillo del Papa Luna

La visita obligada es el castillo templario, construido entre los siglos XIII y XIV y famoso por haber sido residencia de Benedicto XIII, el Papa Luna, el pontífice aragonés que se negó a renunciar durante el Cisma de Occidente. Recorrer sus salas austeras y asomarse desde sus terrazas al azul infinito ayuda a entender por qué eligió este lugar para resistir. Alrededor, las murallas renacentistas mandadas reforzar en tiempos de Felipe II completan una fortaleza que ha sido plató de cine y series: quizá la reconozcas de Juego de Tronos.

Perderse por el casco antiguo

Dentro de las murallas, el plan es no tener plan: callejuelas empedradas, casas encaladas con macetas azules, rincones como la Casa de las Conchas, con su fachada cubierta de conchas marinas, y el Bufador, una sima natural por la que el mar brama en días de temporal. Al caer la tarde, sube hacia el faro y el Parque de Artillería para ver la puesta de sol sobre la bahía.

Playas para todos

La Playa Norte, larga y de arena fina, es la clásica postal con el castillo de fondo y la opción más cómoda para familias. La Playa Sur, más recogida, mira a la sierra. El sol aquí pega fuerte muchos meses al año, así que lleva siempre una crema solar resistente al agua en la bolsa de playa, sobre todo si viajas con niños.

La Sierra de Irta, el litoral salvaje

Al sur del pueblo empieza el Parque Natural de la Sierra de Irta, uno de los últimos tramos de costa virgen de la Comunidad Valenciana: kilómetros de calas de canto rodado, acantilados y torres vigía como la de Badum, accesibles a pie o en bicicleta por pistas de tierra. Las calas son de piedra y erizo, de aguas transparentes ideales para el esnórquel; unos escarpines de playa te salvarán los pies al entrar y salir del agua. Es un plan perfecto para huir del bullicio en pleno agosto.

Sabores marineros

En los restaurantes del puerto y del casco antiguo mandan los arroces —el caldero, el arroz a banda—, el suquet de peix y los langostinos de la zona, que gozan de fama merecida en todo el litoral. Un paseo por la lonja a la vuelta de las barcas es la mejor manera de entender de dónde sale tanto sabor.

Consejos para tu escapada

  • Junio y septiembre son los meses redondos: agua templada, menos gente y el casco antiguo tranquilo.
  • En verano, visita el castillo a primera hora para evitar colas y calor.
  • El casco antiguo es todo cuestas y adoquines: calzado cómodo y poca carga.
  • Llegar es fácil: la AP-7 y la N-340 pasan a un paso, y la estación de tren más cercana es Benicarló-Peñíscola, a unos 7 kilómetros.

Peñíscola es de esos destinos que funcionan a cualquier edad: castillo por la mañana, playa por la tarde y atardecer de película. Una escapada en familia que sabe a Mediterráneo de siempre.

Foto: Jakob Montrasio · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons