Panamá es un país bisagra: entre dos océanos, entre dos continentes y entre dos mundos, el de los rascacielos y el de las islas donde el tiempo se mide por mareas. Te proponemos una escapada que arranca en una de las capitales más vibrantes de América y termina en los cayos de arena blanca de Guna Yala, el archipiélago de San Blas.
Ciudad de Panamá: dos ciudades en una
La capital sorprende por sus contrastes. De un lado, el skyline de cristal frente a la bahía; del otro, el Casco Antiguo, un barrio colonial Patrimonio de la Humanidad con plazas porticadas, iglesias como la de San José —famosa por su altar dorado— y azoteas con vistas donde tomar algo al atardecer. Completa el paseo la Cinta Costera, un malecón moderno perfecto para caminar o pedalear, y las ruinas de Panamá Viejo, la primera ciudad española del Pacífico americano, arrasada por el pirata Henry Morgan.
El canal, la obra que cambió el mundo
Ver pasar un buque gigante a pocos metros es más hipnótico de lo que suena. En las esclusas de Miraflores, a las afueras de la capital, un centro de visitantes explica la historia titánica del canal y permite contemplar el espectáculo de compuertas, remolcadores y barcos que suben y bajan como en una escalera de agua. Si te interesa la ingeniería, las esclusas de Agua Clara, en el lado caribeño, muestran la ampliación por la que cruzan los buques neopanamax. Consulta los horarios de tránsito: a media mañana y media tarde suele haber más movimiento.
San Blas: el paraíso del pueblo guna
El archipiélago de San Blas, en la comarca indígena de Guna Yala, son más de 300 islas de postal: cocoteros, arena blanca y un mar turquesa de aguas mansas. Aquí no hay resorts: el turismo lo gestiona el propio pueblo guna en cabañas sencillas sobre la arena, y esa autenticidad es su mayor tesoro. Los días pasan entre baños, esnórquel en bajos de coral, visitas a islas habitadas donde comprar molas —los coloridos textiles gunas— y noches de estrellas sin contaminación lumínica. Una cámara acuática sumergible es casi obligatoria para las aguas cristalinas, y conviene llevar efectivo, agua y un sombrero de viaje plegable, porque la sombra escasea en los cayos más pequeños.
Más allá: selva y Caribe colonial
Si dispones de más días, el parque nacional Soberanía, a media hora de la capital, es uno de los mejores lugares del mundo para observar aves, con el mítico camino del Oleoducto. Y en la costa caribeña, Portobelo conserva las fortificaciones españolas que protegían el oro camino de Sevilla, hoy Patrimonio de la Humanidad.
Consejos prácticos
- Cuándo ir: la estación seca, de diciembre a abril, es la mejor época, especialmente para San Blas.
- Cómo llegar a San Blas: en todoterreno compartido desde Ciudad de Panamá (unas 3 horas) más lancha; se contrata todo junto y se paga una tasa de entrada a la comarca.
- Moneda y enchufes: se usa el dólar (el balboa solo existe en moneda) y las clavijas son de tipo americano, así que añade a la maleta un adaptador de enchufe universal.
- En las islas: no hay cajeros ni apenas cobertura; desconexión en estado puro.
Del rugido de las esclusas al silencio de un cayo con siete palmeras, Panamá cabe entero en una semana y se queda en la memoria mucho más tiempo. ¿Te animas a cruzar entre dos océanos?