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Escapada a Lekeitio, la joya marinera de la costa vizcaína

Vista panorámica de Lekeitio con su puerto pesquero, la basílica gótica y la isla de San Nicolás al fondo

En la desembocadura del río Lea, a medio camino entre Bilbao y San Sebastián, Lekeitio ha vivido siempre del mar: fue puerto ballenero, sigue siendo villa pesquera y hoy es una de las escapadas más completas de la costa vizcaína. Su gran tesoro es una isla a la que, si aciertas con la marea, puedes llegar caminando. Te contamos cómo exprimir esta joya del Cantábrico.

La isla de San Nicolás, a pie por el malecón

Frente a las playas del pueblo emerge la isla de San Nicolás (Garraitz), cubierta de arbolado. Cuando baja la marea, el mar deja al descubierto un espigón de piedra que permite cruzar a pie hasta ella; subir a lo alto y ver Lekeitio desde el agua es una pequeña aventura que encanta a los niños. Eso sí, consulta antes el horario de mareas y calcula bien la vuelta para no quedarte aislado con el agua subiendo. La panorámica del pueblo desde la isla es de las que piden cámara de fotos de viaje a mano.

Un casco histórico de marineros

El corazón de Lekeitio se apretuja entre el puerto y la basílica de la Asunción de Santa María, uno de los mejores templos góticos de Euskadi, famoso por sus arbotantes, sus pináculos y un monumental retablo dorado de estilo hispanoflamenco. Alrededor, callejuelas con casonas blasonadas, arcos y tabernas donde se despacha pescado fresco de la cofradía. El puerto, con sus barcas rojas, azules y verdes meciéndose frente a las fachadas de colores, es puro Cantábrico.

Playas para todos: Isuntza y Karraspio

Lekeitio es una escapada muy agradecida con niños. La playa de Isuntza, junto al pueblo y protegida por el malecón, tiene aguas tranquilas ideales para los más pequeños; en la orilla de enfrente, ya en Mendexa, la playa de Karraspio es más amplia y abierta. Entre ambas, la ría del Lea invita a pasear hasta los antiguos astilleros de ribera, donde aún se construyen embarcaciones de madera como se hacía hace siglos.

El faro de Santa Catalina

En el cabo que cierra la bahía se alza el faro de Santa Catalina, el primer faro visitable del País Vasco, con un centro de interpretación dedicado a la navegación y a la vida de los fareros. El paseo hasta él, entre prados asomados a los acantilados, regala algunas de las mejores vistas de la costa. Aquí el sirimiri aparece sin avisar incluso en pleno agosto: un paraguas plegable resistente al viento ocupa poco y salva la tarde.

Sabores y fiestas de una villa pesquera

  • Pescado a la brasa y marmitako: el bonito en verano y el besugo en invierno mandan en las mesas.
  • Antzar Eguna: a comienzos de septiembre, durante las fiestas de San Antolín, los jóvenes se lanzan desde embarcaciones a colgarse de un ganso suspendido sobre la ría, una tradición centenaria y espectacular.
  • Ambiente de puerto: el aperitivo frente a las txalupas es sagrado; súmate sin complejos.

Consejos prácticos

Lekeitio se disfruta andando: deja el coche en los aparcamientos de la entrada, porque el casco es estrecho y en verano se llena. Una mochila urbana ligera con agua, bañador y algo de abrigo es todo el equipaje que necesitas para un día completo entre isla, playas y faro. Y si puedes, quédate al atardecer, cuando la luz dora la basílica y el puerto se calma.

Pocas villas marineras conservan tan intacto su carácter. Ven con la marea baja, cruza a la isla y entenderás por qué los vizcaínos guardan Lekeitio como un secreto a voces.

Foto: Santiperez · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons