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10 barrios de colores que alegran cualquier viaje

Calle de casas pintadas de colores vivos con cielo despejado

Hay lugares que no necesitan monumentos: les basta con una mano de pintura. Fachadas turquesa, callejones añil, escaleras arcoíris... Estos diez barrios demuestran que el color es la forma más barata de felicidad viajera, y detrás de cada uno hay una historia que explica tanto pigmento.

Un arcoíris en diez paradas

  1. Burano (Venecia, Italia). La isla de los pescadores pintaba cada casa de un color intenso para reconocerla entre la niebla de la laguna. Hoy los tonos siguen regulados y el resultado es un catálogo de colores flotando sobre los canales.
  2. La Boca (Buenos Aires, Argentina). En el Caminito, las casas de chapa se pintaron con los sobrantes de pintura de los barcos del puerto, y de esa economía nació un icono. Tango callejero y arte a pie de calle incluidos.
  3. Bo-Kaap (Ciudad del Cabo, Sudáfrica). Las casas de este barrio de herencia malaya estallan en verdes, rosas y amarillos sobre calles adoquinadas que trepan por la ladera. Es un barrio residencial: pasea con respeto y saldrás encantado.
  4. Chefchaouen (Chefchaouen, Marruecos). La medina azul del Rif, donde muros, escaleras y macetas comparten toda la gama del añil. Sobre el origen del color hay mil teorías, de la tradición religiosa a espantar mosquitos, y esa mezcla de misterio le sienta de maravilla.
  5. Guatapé (Antioquia, Colombia). Posiblemente el pueblo más colorido de Sudamérica: sus fachadas lucen zócalos tallados y pintados con motivos de animales, flores y oficios. Combínalo con la subida a la vecina Piedra del Peñol.
  6. Nyhavn (Copenhague, Dinamarca). El canal más famoso del norte de Europa, con casas de colores del siglo XVII y veleros amarrados. Hans Christian Andersen vivió en varias de ellas mientras escribía sus cuentos.
  7. Cerros Alegre y Concepción (Valparaíso, Chile). Un laberinto de casas de colores, murales de arte urbano y ascensores centenarios que suben y bajan las colinas del puerto. Cada esquina es una sorpresa pintada.
  8. Notting Hill (Londres, Reino Unido). Hileras de casas en tonos pastel alrededor de Portobello Road y su mercado de antigüedades. En verano acoge uno de los carnavales callejeros más multitudinarios de Europa.
  9. Willemstad (Curazao). El frente portuario de Handelskade parece Ámsterdam pasada por el trópico. Cuenta la leyenda que un gobernador mandó pintar las fachadas porque el blanco reflejaba el sol y le provocaba migrañas.
  10. Casco azul de Jodhpur (Rajastán, India). A los pies del imponente fuerte de Mehrangarh, la ciudad vieja se tiñe de azul índigo. Desde las murallas, el mar de azoteas celestes es una de las grandes estampas de la India.

Consejos para exprimir tanto color

La luz lo es todo: la primera y la última hora del día encienden los pigmentos y vacían las calles. Aquí sí compensa llevar una cámara de fotos de viaje que capture los matices mejor que cualquier pantalla. Muévete ligero con una mochila urbana antirrobo, porque estos barrios se recorren a pie durante horas y algunos son muy concurridos. Y no lo olvides: son lugares habitados, no decorados; pide permiso antes de fotografiar a la gente y evita asomarte a patios y portales.

Sea el añil de Chefchaouen o el arcoíris de Guatapé, vuelve con la retina cargada de color: es el recuerdo de viaje que menos pesa en la maleta.