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Mogarraz, el pueblo que te mira desde sus fachadas

Fachadas de piedra y madera de Mogarraz decoradas con retratos pintados de sus vecinos

En plena Sierra de Francia, a un paso de La Alberca pero con la mitad de visitantes, Mogarraz guarda uno de los proyectos artísticos más emocionantes de la España rural: cientos de retratos de sus vecinos cuelgan de las fachadas de piedra y madera, mirándote a los ojos mientras paseas. Caminar por sus calles es recorrer, literalmente, el álbum de familia de todo un pueblo.

La historia de los retratos

Todo nació de las fotografías que en 1967 se hicieron a los vecinos para sus cédulas de identidad. Décadas después, el pintor local Florencio Maíllo convirtió aquellos rostros en enormes retratos pintados sobre plancha metálica y los colgó en las casas donde vivió cada persona. El resultado son cerca de cuatrocientas miradas que convierten Mogarraz en un museo al aire libre único en el mundo: abuelas con pañuelo, mozos repeinados, familias enteras que siguen presidiendo su puerta aunque ya no estén.

Un conjunto histórico de libro

Más allá de los retratos, Mogarraz es Conjunto Histórico-Artístico y uno de los pueblos serranos mejor conservados. Fíjate en:

  • Las casas de entramado de madera de castaño sobre zócalos de granito, con dinteles tallados con fechas y símbolos religiosos.
  • La iglesia de Nuestra Señora de las Nieves y su esbelta torre-campanario exenta.
  • Los talleres de orfebrería y bordado serrano: aquí se siguen haciendo a mano los collares de filigrana y los bordados que lucen los trajes típicos.

El Camino del Agua y otros paseos

Desde el pueblo parte el Camino del Agua, una ruta circular de unos siete kilómetros que une Mogarraz con Monforte de la Sierra entre castaños, huertos y obras de arte integradas en el paisaje. Es un paseo fácil, ideal para hacerlo a media mañana y volver a tiempo para el aperitivo. En otoño, cuando los castañares están dorados y las nieblas suben del valle, conviene salir temprano: llévate un termo de café y haz una parada en alguno de los miradores sobre el valle del río Francia, porque pocos desayunos tendrán mejores vistas. Unos prismáticos también tienen premio aquí: la sierra es territorio de buitre negro y águila real, y desde los claros del camino se ven planear con frecuencia.

Sabores serranos para dos

Mogarraz es tierra de ibéricos: sus embutidos curados al aire de la sierra tienen fama en toda la provincia, y las tiendas familiares del pueblo son parada obligatoria. En los mesones de la zona pide limón serrano para compartir, cabrito o setas de temporada, y remátalo con vino de la pequeña denominación Sierra de Salamanca, elaborado con la uva local rufete en bancales imposibles. Cenar en una terraza mientras las luces cálidas iluminan los retratos es uno de esos planes que se quedan grabados.

Cómo llegar y consejos

Mogarraz está a unos 80 kilómetros de Salamanca, por la misma carretera de La Alberca; los dos pueblos se combinan de maravilla en una misma escapada. Al ser calles estrechas y empinadas, deja el coche en los aparcamientos de la entrada. La primavera y el otoño son las estaciones estrella, y entre semana el silencio es absoluto: solo tú, el ruido del agua en las regaderas y cientos de ojos que te observan con simpatía desde las fachadas.

Si buscas una escapada distinta, con arte, historia y emoción a partes iguales, Mogarraz te está esperando. Y, literalmente, te mira.

Foto: Rodelar · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons