Colgado a más de mil metros en la ladera de la Sierra de Béjar, Candelario es de esos pueblos que se oyen antes de verse: el agua del deshielo baja cantando por las regaderas, los canales que recorren sus calles empinadas desde hace siglos. Declarado Conjunto Histórico-Artístico, este pueblo salmantino combina como pocos arquitectura de montaña, alta cocina de matanza y cumbres de más de dos mil metros a tiro de bota.
Batipuertas y regaderas: un pueblo hecho para la nieve y la chacina
La arquitectura de Candelario no se entiende sin su pasado chacinero. Durante siglos fue uno de los grandes pueblos productores de embutido de España, y sus casas se diseñaron para ese oficio: tejados pronunciados para la nieve, secaderos en las plantas altas y las famosas batipuertas, esas medias puertas de madera que impedían que entraran la nieve y los animales mientras dejaban correr el aire. La figura del choricero de Candelario se hizo tan popular que un vecino del pueblo posó para un cartón de Bayeu que hoy cuelga en el Museo del Prado. Piérdete por la calle Mayor, sube hasta la iglesia de la Asunción y busca la ermita del Humilladero al caer la tarde.
Ruta gastronómica: a qué sabe Candelario
Aquí se viene, también, a comer. Apunta:
- Embutidos serranos: chorizo, salchichón y la morcilla de calabaza típica de la zona, en las tiendas y obradores del pueblo.
- Cabrito y carnes a la brasa, el clásico de los mesones tras una mañana de monte.
- Hornazo salmantino para el camino y dulces caseros como las perrunillas.
- Las aguas de la sierra, que aquí presumen de ser de las más finas de España.
El Calvitero y la alta montaña salmantina
Candelario es la puerta de la Sierra de Béjar, el extremo occidental de Gredos. Desde la plataforma de El Travieso, a la que se sube en coche, parte la ruta clásica al Calvitero, techo de la provincia con sus casi 2.400 metros, un recorrido de alta montaña con vistas que en días claros alcanzan Gredos y las sierras portuguesas. No es un paseo cualquiera: incluso en verano arriba refresca de golpe, así que lleva siempre un forro polar en la mochila, y pisa seguro con unas botas de montaña bien domadas, porque el tramo final avanza entre bloques de granito. Para las rodillas, en un descenso tan largo, unos bastones de trekking marcan la diferencia. Si lo tuyo no son las cumbres, la senda de la Fuente del Lobo o el paseo hasta la vecina Béjar por el camino viejo son alternativas mucho más amables.
Cuándo ir y cómo llegar
Candelario está a unos 4 kilómetros de Béjar y a unos 70 de Salamanca, con acceso rápido desde la autovía A-66 Ruta de la Plata. Cada estación tiene su punto: en invierno el pueblo nevado es pura postal (y la estación de esquí de La Covatilla queda al lado), la primavera dispara el caudal de las regaderas y el otoño llena los castañares de color. En verano es refugio fresco frente al calor de la meseta, y sus fiestas de agosto llenan las calles de ambiente serrano.
Ven con hambre, con ganas de andar y con la cámara cargada: Candelario es de esos pueblos que alimentan el estómago y la vista a partes iguales, y un fin de semana aquí sabe a gloria… y a chorizo del bueno.
Foto: Rodelar · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons