milescapadas

Madeira: levadas, laurisilva y miradores sobre el Atlántico

Sendero junto a una levada entre la vegetación de laurisilva en Madeira

En medio del Atlántico, más cerca de África que de Lisboa, hay una isla portuguesa donde siempre es primavera: Madeira. Montañas que superan los 1.800 metros, bosques húmedos declarados Patrimonio de la Humanidad y una red de senderos única en el mundo la han convertido en el paraíso europeo del senderismo. Y cuando no caminas, se come y se vive de maravilla.

Qué son las levadas

Las levadas son canales de riego excavados desde el siglo XVI para llevar el agua del norte lluvioso al sur agrícola. Suman miles de kilómetros y junto a ellas discurren senderos casi llanos que se cuelan por túneles, bordean barrancos y atraviesan bosques de niebla. Algunas rutas imprescindibles:

  • Levada das 25 Fontes: hasta un anfiteatro de paredes musgosas por el que caen decenas de hilos de agua.
  • Levada do Caldeirão Verde: túneles y precipicios en plena laurisilva hasta una cascada escondida.
  • Vereda dos Balcões: corta y fácil, con un mirador soberbio sobre el valle de Ribeiro Frio.
  • Pico do Arieiro a Pico Ruivo: la ruta reina, por crestas sobre un mar de nubes entre los picos más altos de la isla.

El suelo suele estar húmedo y algunos tramos son estrechos: unas botas de senderismo con buena suela y unos bastones de trekking dan mucha seguridad, sobre todo en descensos con escalones tallados. Y lleva frontal o linterna para los túneles.

La laurisilva, un bosque de otra era

La laurisilva de Madeira es el mayor bosque de este tipo que se conserva en el mundo, una reliquia de la era terciaria cubierta de musgos, helechos y árboles retorcidos envueltos en niebla. Caminar por Fanal al amanecer, entre tilos centenarios y jirones de bruma, es una experiencia casi mística. La humedad forma parte del encanto, así que un chubasquero de montaña transpirable debería vivir en tu mochila durante todo el viaje: en Madeira puedes pasar del sol a la llovizna en diez minutos y de un microclima a otro en una curva.

Miradores y costa brava

La isla es un balcón continuo. Cabo Girão presume de uno de los acantilados marinos más altos de Europa, con pasarela de suelo de cristal; Ponta de São Lourenço, en el extremo este, cambia el verde por un paisaje volcánico ocre y rojizo rodeado de mar; y en la costa norte, Porto Moniz ofrece piscinas naturales de lava donde bañarse entre olas rompiendo. En Funchal, sube en teleférico a Monte, visita su jardín tropical y baja, si te atreves, en los famosos carros de mimbre conducidos por los carreiros.

Sabores de la isla

Prueba la espetada (brochetas de ternera en rama de laurel), el filete de pez espada negro con plátano, el bolo do caco con mantequilla de ajo y la fruta tropical del mercado dos Lavradores. Para brindar, poncha artesanal y vino de Madeira, y un café con una queijada para rematar.

Cuándo ir y cómo moverse

Madeira es destino de todo el año: las temperaturas costeras se mueven casi siempre entre 17 y 26 grados. La primavera llena la isla de flores y el verano es seco sin agobios. Alquilar coche es lo más práctico, con carreteras buenas pero de pendientes serias; también hay buses y excursiones organizadas a las levadas más famosas. El aterrizaje en su aeropuerto, junto al mar, es ya una atracción en sí mismo.

Consejos prácticos

  • Consulta el estado de los senderos oficiales antes de salir; algunos cierran por desprendimientos.
  • Empieza las rutas temprano para evitar nieblas de tarde y aparcar sin dramas.
  • Respeta los canales: el agua de las levadas sigue regando cultivos.

Madeira engancha: pocos destinos combinan tanta naturaleza, tanto mirador y tanta buena mesa en tan pocos kilómetros. Aviso: querrás volver.