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Cerdeña a tu aire: calas turquesas y pueblos del interior

Cala de aguas turquesas rodeada de acantilados en Cerdeña

Hay quien dice que Cerdeña es el Caribe del Mediterráneo, pero la isla no necesita comparaciones: sus calas de agua turquesa, sus montañas de granito y sus pueblos con siglos de tradición pastoril tienen personalidad de sobra. Te proponemos una escapada que combine mar y montaña, porque quedarse solo en la playa sería un delito.

Las calas que quitan el hipo

La costa este, en el golfo de Orosei, concentra las joyas: Cala Goloritzé, con su aguja de piedra caliza; Cala Mariolu y sus guijarros blancos como perlas; Cala Luna y sus cuevas. A muchas se llega solo en barco desde Cala Gonone o caminando por senderos del Supramonte, y esa dificultad es su mejor defensa. En el noroeste, La Pelosa, junto a Stintino, ofrece un arenal de aguas someras y turquesas frente a una torre aragonesa. Y al noreste, la Costa Esmeralda y el archipiélago de La Maddalena completan el festival de azules.

Ojo con los fondos: en muchas calas hay rocas y erizos, así que unos escarpines de agua son casi obligatorios, y una toalla de microfibra te permitirá saltar de cala en cala sin cargar peso.

El interior, la otra Cerdeña

Tierra adentro late la isla auténtica. En la Barbagia, Orgosolo sorprende con sus murales que cuentan décadas de historia y protesta social. Bosa, a orillas del río Temo, despliega casitas de colores bajo un castillo medieval, y Castelsardo se asoma al mar desde un promontorio coronado por su fortaleza. En los pueblos del interior probarás la Cerdeña pastoril: pane carasau crujiente, quesos de oveja, culurgiones rellenos y, para los más atrevidos, el cochinillo asado a fuego lento.

Nuragas: la civilización misteriosa

Repartidas por toda la isla hay miles de nuragas, torres de piedra levantadas hace más de tres mil años por una civilización que sigue envuelta en misterio. La más famosa es Su Nuraxi, en Barumini, Patrimonio de la Humanidad, pero encontrarás otras casi solitarias junto a la carretera: parar a verlas es uno de los placeres de conducir por Cerdeña.

Cuándo ir y cómo moverse

  • Junio y septiembre son los meses perfectos: agua templada, luz limpia y muchos menos coches que en pleno agosto.
  • Alquila coche sí o sí: el transporte público es escaso y las mejores calas y pueblos quedan lejos de las ciudades.
  • La reverberación del sol sobre el mar y la piedra clara cansa la vista al volante; unas gafas de sol polarizadas se agradecen tanto en la carretera como en la playa.
  • Algunas calas protegidas limitan el aforo diario o prohíben las toallas sobre la arena: infórmate antes y respeta las normas, que ese paraíso hay que cuidarlo.

Cerdeña premia al viajero curioso: cuanto más te alejes del chiringuito, más isla encontrarás. Entre un baño turquesa y una nuraga milenaria, descubrirás que este pedazo de Italia va por libre. Como tú.