Cierra los ojos y piensa en aguas turquesas, calas entre montañas, pueblos de piedra y tabernas donde el pescado llega de la barca a la mesa. Ahora ábrelos: no estás en Grecia ni en Italia, sino en Albania. La Riviera albanesa, la franja de costa jónica que baja del paso de Llogara hasta Saranda, es el Mediterráneo de hace décadas, con precios amables y playas que quitan el hipo. Te contamos cómo descubrirla antes de que deje de ser un secreto.
La llegada más espectacular: el paso de Llogara
La Riviera empieza por todo lo alto. La carretera que viene de Vlora trepa hasta el paso de Llogara, a más de mil metros, entre pinos y nubes, y de repente el Jónico aparece ahí abajo, de un azul irreal, con la costa desplegada hasta el horizonte y la isla de Corfú al fondo. Para en los miradores: pocas llegadas a una costa impresionan tanto en toda Europa.
Playas y pueblos que no te puedes perder
- Dhërmi, con su pueblo viejo de casas de piedra en la ladera y una larga playa de guijarros blancos y agua transparente.
- Gjipe, la joya escondida: una cala al final de un cañón entre acantilados, a la que se llega a pie o en barca. Salvaje y sin apenas servicios.
- Jale, pequeña y animada, popular entre los jóvenes albaneses en verano.
- Himarë, el corazón de la Riviera: paseo marítimo con tabernas, castillo en la parte alta y varias calas a un paseo.
- Porto Palermo, una bahía protegida con un castillo del siglo XIX ligado a Alí Pasha asomado al agua.
- Ksamil, ya cerca de Saranda, con sus islotes a los que se llega nadando y aguas de estampa caribeña; es la zona más concurrida en agosto.
Muchas de estas playas son de guijarro y roca, preciosas pero traicioneras para los pies: unos escarpines de playa convierten cada baño en un placer en vez de en un ejercicio de equilibrio. Y para la caminata de media hora que baja al cañón de Gjipe, mete agua, fruta y protector solar en una mochila de día plegable.
Más que playas: Butrinto y el Ojo Azul
La Riviera guarda ases tierra adentro. Al sur de Saranda te espera Butrinto, ciudad antigua Patrimonio de la Humanidad, con teatro griego, baptisterio romano y murallas venecianas envueltos en una laguna llena de aves. De camino, el Ojo Azul (Syri i Kaltër) es un manantial de un azul profundo e hipnótico que brota helado entre la vegetación. Y si te apetece un contrapunto de montaña, los pueblos de piedra sobre Dhërmi y las iglesias bizantinas escondidas en los olivares completan el cuadro.
Comer en la Riviera
Aquí se come de maravilla y sin sustos en la cuenta: pescado a la brasa, pulpo, gambas, byrek (empanada de hojaldre), queso feta local, aceitunas y limones de los huertos de la costa. Todo con raki casero de despedida, que rara vez falta. El café, herencia otomana e italiana a partes iguales, es sagrado a cualquier hora.
Cuándo ir y consejos prácticos
Junio y septiembre son los meses perfectos: agua templada, sol garantizado y playas a medio gas. En agosto la Riviera se llena, sobre todo Ksamil. La forma más práctica de recorrerla es un coche de alquiler desde Tirana o desde Corfú (hay ferri a Saranda), parando donde te apetezca. El sol jónico no perdona en las horas centrales, así que súmale al equipaje un sombrero de verano y una cantimplora con aislamiento para mantener el agua fresca entre cala y cala.
Turquesa, auténtica y todavía tranquila: así es la Riviera albanesa hoy. El Mediterráneo que aún no conoces no va a esperarte para siempre.