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Qué ver en Seúl: palacios, mercados y barrios de moda

Palacio Gyeongbokgung de Seúl con los rascacielos de la ciudad al fondo

Seúl es una ciudad que vive a dos velocidades: la de los palacios y casas tradicionales que resisten entre rascacielos, y la del K-pop, los cafés de diseño y la moda que marca tendencia en media Asia. En esta escapada te llevamos de una a otra sin perder detalle.

Palacios reales y guardias de colores

El Gyeongbokgung es el gran palacio de la dinastía Joseon: patios enormes, pabellones sobre estanques y un cambio de guardia con trajes de colores que parece sacado de otra época. Si te pones un hanbok, el traje tradicional que se alquila en los alrededores, la entrada a los palacios suele ser gratuita y las fotos, memorables. No te pierdas tampoco el Changdeokgung y su Jardín Secreto, un rincón de estanques y pabellones entre arces que se visita con calma.

Bukchon, el barrio de las casas hanok

Entre ambos palacios se despliega Bukchon Hanok Village, un laberinto de callejuelas empinadas con cientos de casas tradicionales de tejados curvos. Sigue viviendo gente, así que pasea en silencio y temprano. Muy cerca, las galerías y casas de té de Insadong son perfectas para comprar artesanía y probar dulces tradicionales.

Mercados para comer sin parar

Los mercados son el estómago de Seúl. En Gwangjang, uno de los más antiguos, las señoras preparan a la vista tortitas de judía mungo y rollitos de arroz mientras los locales comen codo con codo en las barras. Namdaemun es un gigante donde se vende de todo, y en los puestos callejeros de Myeongdong caen brochetas y dulces a cualquier hora. Ve con hambre y ve probando poco a poco.

Los barrios de moda

  • Hongdae: música en directo en la calle, tiendas vintage y ambiente universitario hasta la madrugada.
  • Seongsu: antiguas naves industriales convertidas en cafés y tiendas de diseño; lo llaman el Brooklyn de Seúl.
  • Itaewon y Gangnam: el primero, el más internacional; el segundo, escaparate del lujo y del pop coreano.

Consejos prácticos

Remata el día subiendo a la torre N Seoul, en el monte Namsan, para ver la ciudad encendida, o paseando por el arroyo Cheonggyecheon, que atraviesa el centro entre luces. Corea usa enchufes de tipo europeo, pero si vienes encadenando países asiáticos te sacará de apuros un adaptador de enchufe universal. El verano es muy caluroso y húmedo: los propios seulitas van a todas partes con un ventilador de mano portátil, y harás bien en imitarlos. Y aunque los jóvenes hablan algo de inglés, una guía de conversación de coreano te ganará sonrisas en mercados y restaurantes de barrio.

Seúl es de esas ciudades que no aparecen en todas las listas y luego se convierten en favoritas. Dale tres o cuatro días y verás cómo te atrapa.