Dicen que en el Matarraña el tiempo va más despacio, y en Calaceite se nota. Este pueblo del noreste de Teruel, levantado en piedra dorada de sillería, debe hasta el nombre al aceite —de calat zeid, «castillo del aceite» según la tradición— y presume de uno de los cascos históricos más armoniosos de la llamada Toscana española.
Un casco histórico de sillar y solera
Calaceite, miembro de los Pueblos Más Bonitos de España, es puro placer para caminantes curiosos. Empieza por la plaza de España, con su ayuntamiento renacentista de galería aragonesa y su lonja porticada bajo la que antaño se comerciaba con grano y aceite. Desde ahí, déjate llevar:
- Los portales-capilla de San Antonio y del Pilar, antiguas puertas de la muralla con una capilla encima: una rareza preciosa que aquí se conserva por partida doble.
- La iglesia de la Asunción, con su monumental fachada barroca de piedra.
- Las casas solariegas de los siglos XVII y XVIII, con escudos, forjas y aleros trabajados en calles como la Mayor o la de Maella.
No es casualidad que artistas y escritores hayan elegido Calaceite como refugio: el pueblo tiene una luz y una serenidad que invitan a quedarse.
Íberos y arqueología: el poblado de San Antonio
En un cerro a las afueras te espera el poblado ibérico de San Antonio, uno de los yacimientos más importantes del valle del Matarraña, habitado hace más de dos mil años y excavado a principios del siglo XX por Juan Cabré, arqueólogo nacido en el propio Calaceite. En el pueblo, el museo Juan Cabré repasa su figura y acoge exposiciones; la subida al poblado, corta y con vistas espléndidas al valle, es el complemento perfecto. El sol pega fuerte en estas lomas sin sombra, así que llévate una cantimplora térmica con agua bien fría: la agradecerás en cada repecho.
La tierra del aceite
Alrededor del pueblo se extiende un mar de olivos, muchos de ellos centenarios, de la variedad empeltre. De aquí sale un aceite de oliva virgen extra amparado por la denominación de origen del Bajo Aragón, suave, afrutado y dorado como las fachadas del pueblo. Comprar unas botellas en las cooperativas y almazaras de la zona es el mejor recuerdo posible, y en las mesas locales lo verás presidirlo todo: verduras de la huerta, embutidos, ternasco y repostería tradicional.
Rutas por el Matarraña
Calaceite es una base estupenda para recorrer la comarca: Valderrobres y su castillo, La Fresneda, Cretas y la Vía Verde de la Val de Zafán, un antiguo trazado ferroviario reconvertido en camino para andar o pedalear entre túneles, viñas y olivares. Para las caminatas entre pueblos, una mochila de montaña ligera con algo de avituallamiento es todo lo que necesitas: los desniveles son amables y los paisajes, un bálsamo.
Cuándo ir y cómo llegar
La primavera y el otoño son las estaciones perfectas: temperaturas suaves, campos verdes o en plena cosecha de la oliva. Se llega por la N-420 desde Alcañiz o desde Gandesa, y la carretera ya es un anticipo del viaje: olivos, viñedos y roca caliza hasta donde alcanza la vista.
Si buscas una escapada de calma, buena mesa y piedra dorada, apunta Calaceite. El Matarraña engancha, y este pueblo es su mejor carta de presentación.
Foto: Wikitom2s · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons