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Kioto: templos, geishas y jardines zen

Pagoda y calles tradicionales del barrio de Higashiyama en Kioto

Si hay una ciudad que condensa el alma de Japón, esa es Kioto. La antigua capital imperial guarda más de mil templos y santuarios, callejones de madera donde aún resuenan los pasos de las geishas y jardines diseñados para detener el tiempo. Te proponemos una escapada para saborearla sin prisas.

Templos que quitan el hipo

Empieza por los imprescindibles, pero madruga: Kioto se llena pronto. El Kinkaku-ji, el Pabellón Dorado, se refleja en su estanque como si flotara; el Fushimi Inari, con sus miles de puertas torii bermellonas subiendo por la montaña, es una caminata inolvidable al amanecer, cuando apenas hay gente. En la ladera este, el Kiyomizu-dera se asoma a la ciudad desde una enorme terraza de madera construida sin un solo clavo.

Entre templo y templo caminarás muchísimo, a menudo por cuestas y escaleras de piedra, así que un calzado cómodo para caminar es la mejor inversión del viaje.

Gion, el barrio de las geishas

Al caer la tarde, acércate a Gion y pasea por Hanamikoji y los canales de Shirakawa. Con suerte verás a una geiko o a una aprendiz maiko caminando con paso rápido hacia una cita. Recuerda que no son una atracción: obsérvalas con discreción y sin cortarles el paso. Los barrios de Higashiyama y Pontocho, con sus farolillos y casas de té, completan la estampa más evocadora de la ciudad.

Jardines zen y el bambú de Arashiyama

  • Ryoan-ji: su jardín seco de quince rocas es el enigma zen más famoso del mundo. Siéntate en la tarima y déjate llevar.
  • Ginkaku-ji y el Paseo del Filósofo: un canal bordeado de cerezos perfecto para caminar sin rumbo.
  • Arashiyama: el bosque de bambú es puro murmullo verde; combínalo con el jardín del templo Tenryu-ji y el puente Togetsukyo.

Cuándo ir

La primavera de los cerezos en flor y el otoño de los arces rojos son las épocas más bellas y también las más concurridas. Si buscas calma, el invierno regala templos casi vacíos y, con suerte, nevados; el verano es caluroso y húmedo, pero se anima con las fiestas tradicionales de julio, cuando la ciudad se llena de carrozas y yukatas.

Consejos prácticos

Kioto se recorre bien en autobús y en bici, y muchos templos cierran pronto, hacia media tarde: organiza el día empezando temprano. Lleva efectivo, porque en templos y puestos pequeños no siempre aceptan tarjeta. Unas pocas frases en japonés abren muchas puertas y arrancan sonrisas; una guía de conversación de japonés te ayudará a pedir, agradecer y preguntar sin apuros. Y no olvides un adaptador de enchufe universal: los enchufes japoneses son de clavija plana.

Kioto no se visita, se saborea. Reserva al menos tres días, piérdete por sus callejones y deja hueco para lo inesperado: ahí es donde la vieja capital te conquista.