Hay ciudades que parecen pintadas a mano, y Guanajuato es una de ellas. Encajada en un estrecho cañón del centro de México, esta antigua capital minera es un derroche de casas amarillas, rosas y azules que trepan por las laderas, unidas por un laberinto de callejones y túneles. Te proponemos una escapada a la que quizá sea la ciudad más romántica del país.
Un laberinto para perderse
En Guanajuato el plano no sirve de mucho, y esa es precisamente su gracia. Déjate llevar por los callejones empinados y acabarás, sin saber cómo, en alguna plazuela con jardín y quiosco. Estos son los rincones que no deberías perderte:
- El Callejón del Beso: tan estrecho que los balcones casi se tocan; la leyenda de los amantes que se besaban de balcón a balcón es ya parte de la ciudad.
- La Plaza de la Paz y la basílica: el corazón señorial, con la basílica colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato pintada de amarillo intenso.
- El Jardín de la Unión: una plaza triangular sombreada por laureles recortados, rodeada de terrazas y presidida por el imponente Teatro Juárez.
- El mirador del Pípila: sube en funicular o a pie hasta el monumento y tendrás a tus pies la panorámica de postal, con todo el caserío multicolor encajado en el valle.
Para estas cuestas y escaleras interminables, mejor calzado cómodo y una mochila de día ligera con agua y algo de abrigo, porque al caer la tarde refresca en la montaña.
Túneles, minas y leyendas
Guanajuato es única también por lo que no se ve: buena parte del tráfico circula por una red de túneles subterráneos, antiguos cauces y galerías mineras reconvertidas en calles. En el siglo XVIII sus vetas de plata la convirtieron en una de las ciudades más ricas de América, y esa historia se palpa en templos como el de la Valenciana, junto a la mina del mismo nombre, cuyo interior dorado es pura ostentación barroca. Los más curiosos pueden asomarse también al peculiar Museo de las Momias, uno de los lugares más famosos —y macabros— de México.
Callejoneadas y ambiente estudiantil
Al anochecer salen las estudiantinas: grupos de músicos vestidos de época que guían callejoneadas, paseos cantados por los rincones de la ciudad entre rondallas, leyendas y bromas. Es una tradición heredada de las tunas españolas y la manera más divertida de descubrir Guanajuato de noche. La ciudad, universitaria y bohemia, respira cultura todo el año, y cada otoño se vuelca con el Festival Internacional Cervantino, uno de los eventos escénicos más importantes de Latinoamérica, en honor a Cervantes y su Quijote.
Dónde comer sin complicarte
La cocina guanajuatense es contundente y sabrosa: enchiladas mineras con guarnición de patata y zanahoria, guacamayas (bolillo relleno de chicharrón con salsa picante) y dulces de leche conocidos como cajeta, especialidad de la vecina Celaya. Los mercados y las fondas del centro son el mejor sitio para probarlo todo a buen precio.
Consejos prácticos
- Cuándo ir: el clima es templado casi todo el año; de noviembre a abril apenas llueve.
- Cómo llegar: el aeropuerto del Bajío está a unos 30 minutos; desde Ciudad de México son unas cuatro horas y media por carretera.
- Altitud: estás a unos 2.000 metros, tómatelo con calma el primer día.
- Preparación: una guía de viaje de México te ayudará a combinar Guanajuato con San Miguel de Allende y otros tesoros coloniales del Bajío.
Guanajuato se recorre con los ojos muy abiertos y el corazón un poco acelerado, de cuesta en cuesta y de leyenda en leyenda. Ven a perderte: es la mejor manera de encontrarla.