A Bolonia la llaman la Dotta (la docta), la Rossa (la roja) y la Grassa (la gorda): por su universidad, la más antigua de Europa; por sus tejados y fachadas de terracota; y por una cocina que la ha convertido en la capital golosa de Italia. Tres apodos y un solo plan: un fin de semana para recorrerla con los ojos y con el tenedor.
Piazza Maggiore y las dos torres
Todo empieza en la Piazza Maggiore, con la basílica de San Petronio —una de las iglesias de ladrillo más grandes del mundo, con su fachada inacabada— y la vecina fuente de Neptuno. A un paso se alzan las Due Torri, la Asinelli y la Garisenda, inclinadas y desafiantes desde la Edad Media, símbolo de una ciudad que llegó a tener decenas de torres familiares compitiendo en altura. El conjunto, con la luz del atardecer tiñendo de rojo los ladrillos, es puro espectáculo.
La ciudad de los pórticos infinitos
Bolonia presume de decenas de kilómetros de pórticos, declarados Patrimonio de la Humanidad: puedes cruzar media ciudad a cubierto, llueva o apriete el sol. El más asombroso es el que sube hasta el santuario de San Luca, en lo alto de una colina: cientos de arcos encadenados en una de las galerías porticadas más largas del mundo. La caminata es exigente pero las vistas sobre los Apeninos compensan; para el resto del viaje, cuando los pórticos se acaban, un paraguas plegable en la mochila resuelve los chaparrones de la llanura padana.
La Grassa: comer como manda la tradición
Aquí se peregrina para comer. En el Quadrilatero, el laberinto de callejuelas de mercado junto a la Piazza Maggiore, los escaparates de pasta fresca, quesos y embutidos son un museo comestible. Apunta lo irrenunciable:
- Tagliatelle al ragù: el auténtico «boloñesa», que aquí jamás se sirve con espaguetis.
- Tortellini in brodo: pequeñas joyas de pasta rellena servidas en caldo.
- Mortadela de Bolonia, cortada finísima, y parmigiano y jamón de la vecina Parma.
- Lasagne verdi, con pasta de espinacas y bechamel.
Si te pica la curiosidad por las recetas y las historias que hay detrás de cada plato, una guía de viaje de Bolonia con buen apartado gastronómico multiplica el disfrute.
La Dotta: universidad, bibliotecas y canales escondidos
Visita el Archiginnasio, antigua sede universitaria con sus paredes cubiertas de escudos de estudiantes y su asombroso teatro anatómico de madera. Después busca la ventanita de la via Piella: al asomarte descubrirás un canal oculto entre casas que recuerda que Bolonia también fue ciudad de agua. Son muchos kilómetros de empedrado y pórticos, así que un calzado cómodo para caminar es el mejor compañero de viaje posible.
Cuándo ir
Primavera y otoño ofrecen temperaturas perfectas y la ciudad llena de estudiantes; en verano aprieta el calor húmedo de la llanura, aunque los pórticos siempre regalan sombra. Bolonia está además estupendamente conectada por tren de alta velocidad con Florencia, Venecia y Milán, por si quieres estirar la escapada.
Docta, roja y golosa: Bolonia es la Italia auténtica que se come despacio y se recuerda siempre. Reserva mesa y déjate llevar.