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Fiyi isla a isla: playas, corales y la sonrisa del Pacífico

Playa de arena blanca con palmeras y aguas turquesas en una isla de Fiyi

En Fiyi te saludarán con un «¡Bula!» tan sonoro que te hará sonreír sin querer, y esa será solo la primera de muchas veces. Este archipiélago del Pacífico Sur, con más de 300 islas, combina playas de postal, arrecifes de coral de colores imposibles y una hospitalidad que ya quisieran muchos destinos. Te proponemos recorrerlo isla a isla.

Viti Levu, la puerta de entrada

Casi todos los vuelos internacionales aterrizan en Nadi, en la isla principal. Viti Levu suele ser solo un trampolín hacia las islas pequeñas, pero merece un par de días: los pueblos del interior entre plantaciones de caña, las dunas de Sigatoka, el jardín del Gigante Dormido con sus orquídeas o un paseo por el animado mercado de Suva, la capital, te enseñan la Fiyi real donde vive la mayoría de la población.

Islas Mamanuca: las de postal

A menos de una hora en catamarán desde el puerto de Denarau, las Mamanuca son las islas más accesibles y fotogénicas: motitas de arena rodeadas de aguas turquesas, resorts para todos los bolsillos y olas legendarias para los surfistas, como la temida Cloudbreak. Son perfectas si tienes pocos días o viajas con niños.

Islas Yasawa: la aventura mochilera

Más al norte, la cadena de las Yasawa es el paraíso del viajero independiente. Un catamarán diario las recorre de punta a punta, y existen pases de barco de varios días que te permiten subir y bajar donde quieras, durmiendo en alojamientos sencillos gestionados por las propias aldeas. Lagunas como la de las cuevas de Sawa-i-Lau, calas desiertas y atardeceres de fuego: aquí el lujo es la ausencia de prisas.

Taveuni y el norte buceador

Los amantes del fondo marino tienen cita en el norte: el estrecho de Somosomo, junto a la isla jardín de Taveuni, presume de corales blandos que ondean como campos de flores, con puntos míticos como el Arcoíris o la Gran Muralla Blanca. En tierra, Taveuni regala cascadas, piscinas naturales y senderos por selva virgen.

Cultura fiyiana: más que playas

Acepta si te invitan a una ceremonia de kava, la bebida tradicional hecha con raíz de yaqona: se comparte en cuenco de coco, con palmada antes y después, y es la mejor forma de romper el hielo. Al visitar una aldea, lleva los hombros cubiertos, quítate la gorra y pide permiso antes de fotografiar. La música, los lovo (banquetes cocinados bajo tierra) y las danzas meke completan una cultura que se vive con los cinco sentidos.

Consejos prácticos

La época seca, de mayo a octubre, es la ideal: menos humedad y cielos despejados. El sol del Pacífico es traicionero incluso nublado, así que embadúrnate de crema solar resistente al agua y respetuosa con los corales antes de cada baño. Los arrecifes están a menudo a un paso de la orilla, y llevar tu propio tubo de esnórquel con gafas te dará libertad total sin depender del equipo de cada resort. En los dormitorios compartidos y en las bodegas de los barcos entre islas, un candado de equipaje te quitará preocupaciones. Y lleva efectivo: en las islas pequeñas los datáfonos brillan por su ausencia.

Fiyi funciona a otro ritmo, el del «Fiji time», y a los dos días tú también. Déjate contagiar: pocas escapadas devuelven tanto por tan poco esfuerzo.