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Escapada a Cusco y el Valle Sagrado de los incas

Plaza de Armas de Cusco con la catedral y las montañas andinas detrás

Cusco no es solo la puerta de entrada a las ruinas más famosas de América: es un destino con entidad propia, capital de un imperio que dominó medio continente. Entre muros incas coronados por balcones coloniales y un valle salpicado de pueblos y terrazas, te proponemos una escapada para saborear el ombligo del mundo con calma.

Qué ver en la ciudad de Cusco

Arranca en la Plaza de Armas, flanqueada por la catedral y la iglesia de la Compañía, y déjate llevar por las callejuelas empedradas. En la calle Hatunrumiyoc busca la famosa piedra de los doce ángulos, encajada con una precisión que sigue asombrando a los ingenieros. Imprescindible el Qorikancha, el antiguo templo del Sol sobre el que los españoles levantaron el convento de Santo Domingo: ningún sitio resume mejor las dos ciudades superpuestas.

Reserva una tarde para el barrio de San Blas, el rincón bohemio de talleres de artesanos, miradores y cafeterías, y un buen rato para el mercado de San Pedro, donde probar zumos de frutas andinas entre puestos de panes gigantes y hierbas medicinales.

Las ruinas que vigilan la ciudad

Sobre Cusco se alza Sacsayhuamán, una fortaleza ceremonial de muros zigzagueantes construida con bloques de hasta cien toneladas. Se puede subir andando en media hora y combinar la visita con Q'enqo, Puka Pukara y Tambomachay, incluidas en el mismo boleto turístico. Al atardecer, la vista de los tejados rojizos desde aquí es puro Cusco.

Ruta por el Valle Sagrado

  • Pisac: terrazas agrícolas colgadas de la montaña y un mercado de artesanía de los más animados del país.
  • Ollantaytambo: el único pueblo que conserva vivo el trazado inca, con canales de agua corriendo por sus calles y una fortaleza escalonada imponente.
  • Chinchero: tejedoras que muestran el teñido tradicional con tintes naturales, a más de 3.700 metros.
  • Moray: anfiteatros circulares que fueron laboratorio agrícola del imperio.
  • Salineras de Maras: miles de pozas de sal blanquísima descolgadas por la ladera, un espectáculo único.

Puedes recorrer el valle en tours de día, pero si duermes una noche en Ollantaytambo o Pisac lo vivirás sin aglomeraciones. Y sí, desde el valle salen los trenes hacia la ciudadela más célebre del país, de la que ya te hemos hablado por aquí.

La altura: tómatela en serio

Cusco está a 3.400 metros y el soroche no distingue edades ni formas físicas. Los primeros dos días, camina despacio, come ligero, hidrátate mucho y apúntate al mate de coca. Un truco de viajero andino: empezar por el Valle Sagrado, que está más bajo que la ciudad. El agua del grifo no es potable, así que unas pastillas potabilizadoras ocupan nada y resuelven cualquier apuro en ruta.

Cuándo ir y qué llevar

La estación seca, de mayo a septiembre, regala cielos limpios y noches gélidas; de noviembre a marzo llueve más pero todo está verde y hay menos gente. El clima andino cambia en minutos: vístete por capas con un forro polar a mano incluso en pleno día, y no olvides un protector labial con filtro solar, porque a esta altitud el sol y el aire seco castigan sin avisar.

En la mesa, atrévete con el chiriuchu, la trucha andina o un lomo saltado en una picantería de barrio. Cusco es de esos lugares que se te quedan dentro: ven con tiempo, respira hondo y deja que el imperio te cuente su historia.