Pocas estampas resumen Cantabria como la de San Vicente de la Barquera: la ría en calma, el puente de la Maza atravesándola, la Puebla Vieja encaramada a su colina y, detrás, los Picos de Europa nevados. Esta villa marinera de la costa occidental es de esos sitios que lo tienen todo: historia, playas, naturaleza protegida y una lonja que abastece algunas de las mejores mesas del Cantábrico.
La Puebla Vieja: castillo, muralla y una iglesia con vistas
Sube primero a la parte alta, el conjunto histórico conocido como Puebla Vieja. Allí te esperan el castillo del Rey, una fortaleza roquera de origen medieval con exposiciones en su interior y vistas soberbias de la ría, y la iglesia de Santa María de los Ángeles, un templo gótico que guarda la estatua orante del inquisidor Antonio del Corro, considerada una obra maestra del Renacimiento funerario. Entre ambos, restos de muralla, portadas medievales y callejas con siglos de historia marinera.
El puente de la Maza y la ría
El símbolo del pueblo es el puente de la Maza, con sus arcos de piedra —la tradición manda contar hasta 28— tendidos sobre la ría desde tiempos de los Reyes Católicos. Cuenta la costumbre local que si lo cruzas aguantando la respiración y pides un deseo, se cumple. La marisma que lo rodea forma parte del Parque Natural de Oyambre y es un festín para quien disfruta observando aves: garzas, cormoranes y limícolas campan por los fangales, así que unos prismáticos de observación de aves multiplican el paseo por la senda de la ría.
Playas para todos: de Merón a Oyambre
San Vicente presume de arenales enormes y poco masificados:
- Playa de Merón, kilométrica y abierta al oleaje, meca de surfistas todo el año.
- Playa de El Rosal, junto al pueblo, cómoda para familias.
- Playa de Oyambre, ya en el parque natural, salvaje y con dunas protegidas.
Fuera del verano, el plan estrella es caminar por la costa: los atardeceres desde Merón, con los Picos de Europa recortados tras la ría, son de traca. El viento del noroeste refresca incluso en julio, así que un forro polar ligero en la mochila nunca sobra, y en los paseos de invierno un termo de café convierte cualquier duna en el mejor mirador del mundo.
Sorropotún y cocina de lonja
La flota barquereña sigue saliendo a faenar, y eso se nota en los restaurantes del puerto y la calle principal: pescados a la plancha, mariscos y el plato local por excelencia, el sorropotún, la marmita marinera de bonito y patata que aquí se cocina desde tiempos de los pescadores de altura. En primavera, la villa celebra La Folía, una procesión marinera declarada de interés turístico en la que la Virgen de la Barquera navega escoltada por barcos engalanados.
Cómo organizar la escapada
San Vicente está junto a la A-8, a unos 45 minutos de Santander, y casa perfecto con Comillas y Santillana del Mar para una ruta de fin de semana por la costa occidental. Un día para la Puebla Vieja, la ría y el puerto; otro para las playas y Oyambre, y te volverás a casa con la sensación de haber visto tres viajes en uno: el del mar, el de la historia y el de la montaña asomada al Cantábrico. La Barquera te espera.
Foto: Falk2 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons