Si Marruecos tiene un alma, vive en Fez. Su medina, Fez el-Bali, es uno de los cascos históricos más grandes y mejor conservados del mundo: miles de callejones sin coches donde todo funciona como hace siglos. Te proponemos sumergirte en este laberinto medieval con los cinco sentidos bien despiertos.
Perderse en Fez el-Bali
Aquí perderse no es un riesgo, es el plan. La medina es un enjambre de callejones estrechos, pasadizos y fondas centenarias donde los burros siguen siendo el único transporte de mercancías. Cuando oigas «¡balak!», apártate: viene una carga. Entra por la monumental puerta azul de Bab Boujloud y déjate llevar por el olor a pan recién hecho, a cuero y a especias. Antes o después acabarás en un zoco, una plaza o junto a una fuente de azulejos, y siempre habrá alguien dispuesto a orientarte.
Las curtidurías, el espectáculo más famoso
La imagen icónica de Fez son las curtidurías de Chouara: decenas de pozas de piedra llenas de tintes de colores donde los curtidores trabajan las pieles como en la Edad Media. Se contemplan desde las terrazas de las tiendas de cuero que las rodean; te darán una ramita de hierbabuena para llevar a la nariz, porque el olor es intenso. El mejor momento es por la mañana, cuando las pozas están en plena actividad y la luz saca el máximo color.
Madrazas, mezquitas y saber antiguo
Fez presume de acoger la Universidad de al-Qarawiyyin, considerada una de las más antiguas del mundo en funcionamiento. Aunque la mezquita solo es accesible para musulmanes, puedes asomarte a sus patios desde las puertas. Sí podrás entrar en joyas como estas:
- La madraza Bou Inania, con sus celosías de cedro tallado y estucos que quitan el hipo.
- La madraza al-Attarine, pequeña y exquisita, junto al zoco de las especias.
- El Fondouk Nejjarine, un antiguo albergue de mercaderes convertido en museo de artes de la madera.
Sabores de la capital espiritual
La cocina fasí es de las más refinadas de Marruecos. Prueba la pastela, ese hojaldre agridulce de ave con almendras y canela, los tajines cocinados a fuego lento y las aceitunas y limones encurtidos de los zocos. Para desayunar, nada como los msemen (crepes hojaldrados) con miel en cualquier puesto callejero, acompañados del inevitable té a la menta.
Consejos prácticos para la medina
Las cuestas y el empedrado de Fez castigan los pies: unas botas ligeras de trekking o un calzado con buena suela marcan la diferencia al cabo del día. En los meses cálidos, cuando aprietan el calor y los mosquitos al caer la tarde junto al río Fez, agradecerás llevar un repelente de mosquitos en la mochila. Regatea con humor en los zocos, pide permiso antes de fotografiar a las personas y ten a mano monedas pequeñas para las propinas.
Cuándo ir y cuánto quedarse
Primavera y otoño ofrecen el clima perfecto para patear la medina; en verano el calor es serio, así que haz como los fasíes: madruga, siestea y vuelve a salir al atardecer. Dedica al menos dos días completos a la ciudad, y si puedes, tres: Fez no se visita, se descifra. Cuando salgas de nuevo por Bab Boujloud, tendrás la sensación de haber viajado varios siglos atrás sin moverte del presente.