En el extremo suroeste de Inglaterra hay una península que no se parece al resto del país: Cornualles. Aquí la luz es más limpia, el mar tiene tonos casi caribeños cuando sale el sol y los pueblos pesqueros se apiñan en calas protegidas del Atlántico. Una escapada a Cornualles es la Inglaterra marinera en estado puro.
Pueblos pesqueros con encanto
- St Ives: callejuelas empedradas, playas de arena clara y una luz que lleva más de un siglo atrayendo a pintores; su escena artística sigue viva, con una sede de la Tate incluida.
- Port Isaac: casitas encaladas cayendo hacia un puerto minúsculo, famoso por sus coros de pescadores.
- Mousehole: su nombre significa ratonera y su puerto diminuto es de los más bonitos del canal.
- Polperro y Mevagissey: dos clásicos de la costa sur, con laberintos de callejones y barcas de colores.
- Padstow: en el estuario del Camel, es hoy una referencia gastronómica del pescado y el marisco.
El Monte de San Miguel y las leyendas artúricas
Frente a Marazion emerge St Michael's Mount, el hermano británico del Mont Saint-Michel: un islote coronado por un castillo al que se llega a pie por un paso de piedra cuando baja la marea. Consulta las tablas de mareas antes de ir, porque cruzar caminando es media gracia de la visita. En la costa norte, las ruinas del castillo de Tintagel, unidas por una pasarela espectacular, alimentan desde hace siglos la leyenda del rey Arturo, con la cueva de Merlín bajo el acantilado.
La costa: calas, surf y el sendero SW Coast Path
Cornualles presume de algunas de las mejores playas de Gran Bretaña: la inmensa Fistral en Newquay, meca del surf británico; Porthcurno, una cala turquesa junto al increíble teatro Minack, excavado en el acantilado sobre el mar; o Kynance Cove, en la península de Lizard, con sus rocas de serpentina oscura. El South West Coast Path recorre toda la costa y regala etapas inolvidables entre brezos, minas de estaño abandonadas y faros. Para estas caminatas conviene calzar unas botas de senderismo con buena suela, porque los tramos de acantilado suben y bajan sin descanso.
Sabores de Cornualles
La estrella local es la Cornish pasty, una empanadilla contundente de carne y verduras que nació como comida de mineros. Complétala con un cream tea de scones con nata cuajada y mermelada, pescado fresco en cualquier puerto y los quesos y sidras de la zona. Dulce o salado, aquí se come de maravilla sin necesidad de grandes presupuestos.
Cuándo ir y cómo moverse
De mayo a septiembre el clima es más amable y los días larguísimos, aunque en pleno agosto los pueblos más famosos se llenan. Junio y septiembre son el punto dulce. Aun en verano, el viento atlántico refresca en cuanto te asomas a un acantilado: un cortavientos ligero y plegable ocupa poco y se agradece a diario. Lo más práctico es volar a Londres, Bristol o Exeter y alquilar coche; las carreteras rurales son estrechas, entre setos altos, así que paciencia y retrovisores recogidos. Para organizar las visitas por zonas, una guía de viaje de Inglaterra te ayudará a no dejarte nada.
Consejos prácticos
- Reserva aparcamiento mental: en los pueblos pequeños se deja el coche en las afueras y se baja andando.
- Las mareas mandan: playas enormes desaparecen con la pleamar.
- No te vayas sin ver un atardecer desde Land's End, el finisterre inglés.
Cornualles demuestra que Inglaterra también sabe a sal y huele a mar. Ven con calma, que esta esquina del mapa se saborea despacio.